Háblale a tu alma

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POR JULY DE SOSA

¿Acostumbra usted a hablarse así mismo? Pocas personas practican este tipo de conversación que en momentos de angustia puede ser el arma más poderosa con la que contemos. Pasamos la mayoría del tiempo escuchando opiniones y consejos de otros hacia nosotros, y rara vez o nunca nos expresamos nuestras propias opiniones y consejos a nosotros mismos. Esa desafortunada realidad es más peligrosa cuando de recordar el favor de Dios en nuestra vida se trata. Porque como creyentes “sin importar el tiempo que tengamos de serlo” tenemos vivencia en esa relación como hijos de Dios. Desde el instante mismo que la luz del evangelio brillo en nosotros y por voluntad propia tomamos la decisión de creer y rendir nuestra vida al señorío de Jesús reconociéndolo como el único hijo de Dios y salvador nuestro; comenzó a escribirse una serie de acontecimientos espirituales que antes no existían, experimentamos la verdad de que en este mundo a pesar de ser hechos hijos de Dios tendríamos aflicciones situaciones que nos traerían angustia, desesperación y temor. Pero con la gigantesca diferencia que ya no tendríamos que pasar por esos tiempos solos luchando únicamente con nuestras propias fuerzas, ahora ya Dios está con nosotros en medio de cualquier dificultad por terrible que sea,y ya no luchamos solo con nuestras fuerzas, ahora lo hacemos con sus fuerzas. Esta maravillosa verdad lo cambia todo, porque es lo que asegura nuestra victoria.

A menudo veo el desagradecimiento propio de nuestra naturaleza hacia Dios. Cuando estamos atravesando situaciones que requieren de ejercitar la fe y confianza en el plan perfecto de Dios para con cada uno de sus hijos. Es precisamente en ese tiempo de angustia cuando necesitamos recordar de donde Dios nos ha sacado y de todas las situaciones que nos ha librado. Y hablarnos a nosotros mismos como lo hiciera el Salmista: ¿Por qué te abates, oh alma mía? y ¿Porque te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío.(Salmo 42:11)

Es increíble el impacto que esa conversación puede hacer en nosotros, estoy convencida que el poder que tenemos en nuestra boca cuando decidimos ministrárnoslo a nosotros mismos cambia como un relámpago nuestras circunstancias y nos rebosa de fe y confianza en Dios. Ahora mismo puede ser que más de uno que se tome el tiempo para leer mi aporte de este día, este necesitando urgentemente hablarse así mismo, y dejar de escuchar voces ajenas, para levantar su ánimo y experimentar la paz que sobre pasa todo entendimiento humano.

No importa la magnitud del problema o duda que este frente a usted. Háblele a su alma y recuérdele todas las veces que Dios le ha sacado de situaciones parecidas o peores. Y decida esperar pacientemente la salida que Dios ya tiene lista para usted, y que le mostrará cuando usted descanse y llene su boca con agradecimiento por todo lo que Él ya ha hecho en su vida y con usted, y por todo lo que seguirá haciendo. Pienso que es momento oportuno para recordar la ultima promesa que salió de los labios de Jesús que fue y será hasta el fin de los tiempos, Jesús dijo: He aquí Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Y nosotros decimos ¡Amén!

¡Feliz semana y provechosa plática con usted mismo!

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