Del desierto a tu destino

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Por: Yuvini Pérez/Pastor Iglesia Nueva Vida Asambleas de Dios

Es necesario entender primero la razón y la causa de nuestra existencia, para luego desatar nuestro futuro. Puede que tú seas el instrumento clave para cambiar el rumbo de la historia. Cuando leemos la historia de Josías, rey de Israel, 2° Crónicas encontramos que el abuelo se llamó Manasés, y también fue rey. Aunque al final de su reinado Manasés se humilló delante de Dios, fue uno de los reyes más perversos de esa nación.

Corrompió a Israel con la idolatría y mataba a los enviados de Dios para enfadar a Jehová. Pero tuvo un hijo a quien llamó Amón, que también se convirtió en rey. Fue perverso y arrogante como su padre. Al parecer, las presiones de la vida le impidieron humillarse ante Dios. Sin embargo, la tragedia de Amón fue su muerte, ya que un grupo conspiró contra él y lo mató.

Josías, nieto de Manasés e hijo de Amón, quedó huérfano de padre a los ocho años, y a esa corta edad comenzó a reinar. Debió madurar rápidamente, ya que en lugar de juguetes, en sus manos había cargos y responsabilidades.

Algo extraordinario en esta historia es que este niño tenía una inclinación natural hacia Dios. Algo aparentemente imposible si tan sólo nos remitimos a las generaciones que le precedieron. Pero este joven era distinto a su padre y abuelo, él amaba a Dios. A los dieciséis años de edad comenzó a buscar a Dios, haciendo lo bueno y recto delante de Dios. A los veinte años comenzó a sentir una inclinación para hacer algo más para Dios y empezó a santificar al pueblo limpiándolo de la idolatría.

A los veintiocho años se interesó por reparar la casa de Dios, poniendo en orden el santuario. Pero algo sucedió mientras restauraban el templo. Debajo de los escombros encontraron dinero y algo aún más valioso: el libro de la ley de Moisés.

Si entregas todo a Dios, sin reservas, algo se desatará en tu vida. El Señor sacará del desierto a quienes aún no encontraron su destino. Quizá piensas que esto es para aquellos que llevan poco tiempo en el evangelio, que no es para ti. Pero te asombrarás al descubrir el propósito para tu vida.

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