La iglesia ante las realidades coyunturales del país

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Nadie escapa a las actuales realidades que vivimos los salvadoreños tocante al clima de inseguridad, la corrupción, la economía y otros fenómenos que saltan a la vista con cada día que vivimos.

Mientras hay quienes piensan que lo mejor es mantenerse al margen porque nuestra única función es espiritual, hay otros que piensan que se debe hacer algo más, como por ejemplo que los cristianos ocupen posiciones de decisión en este país. No voy a pronunciarme por una u otra posición, pero lo que sí no puede negarse es que queramos o no, somos parte de esta nación y lo que sucede nos afecta directamente.

He aquí mi humilde opinión al respecto: En primer lugar, creo que la iglesia (por no decir la cristiandad evangélica salvadoreña) no debe comprometer sus principios y valores bíblicos-cristianos con ningún sistema que atente contra lo que creemos y defendemos. Deberíamos alejarnos de todo aquello que riña con las verdades que por siempre hemos sostenido. La historia nos da la razón, pues ya hemos visto en repetidas ocasiones que las ideologías pasan y lo único que hacen es dividir a los pueblos; lo único que no cambia es Dios y su Palabra.

En segundo lugar, deberíamos juzgar el accionar de nuestros representantes en el gobierno a la luz de la Palabra de Dios y la constitución de la República. Pasar por alto este deber es caer en alienación y eso es peligroso. Por encima de nuestras simpatías ideológicas-políticas está la verdad ineludible de la Palabra de Dios y la constitución.

En tercer lugar, deberíamos ser más unidos cuando se trata de sacar adelante al país. Somos alrededor del cuarenta por ciento de la población y al mismo tiempo somos tan débiles que los políticos nos ven de menos y únicamente nos usan para su propio beneficio. Que tal si nos uniéramos para dar pronunciamientos respecto a los intentos de legalizar el aborto por ejemplo. El día que los políticos vean una sola voz en nosotros, ese día nos van a respetar.

Y en cuarto lugar, no olvidemos que la intercesión cambia el rumbo de la historia. Moisés cambió la historia por medio de la intercesión cuando le pidió a Dios que no matara a los hebreos en el desierto. De no haberse interpuesto Moisés, la historia hoy fuera otra. Si amamos este país y no nos agrada como están marchando las cosas, intercedamos por él. Dios puede y quiere actuar a favor nuestro.

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