Iglesia grande ¿sin influencia?

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Por: Pastor Javier Domínguez, Presidente de Centro Internacional de Alabanza.

La iglesia cristiana evangélica está creciendo, pero esto no significa que su credibilidad también lo haga; de la misma manera que tener mayor presencia en la sociedad no la hace necesariamente un referente para nuestra cultura. Hay dos principales razones para esto. En primer lugar, porque la gloria de la conversión es de Dios no del hombre, Dios es quién regenera, quien hace nacer de nuevo para que por medio de la fe creamos en Él; no es gloria de los hombres creer en Jesús, es don de Dios; no creemos porque la iglesia sea socialmente creíble, creemos porque Jesús lo es. En segundo lugar, porque el reino de Jesús no es de este mundo, por tanto, su evangelio no tiene atractivo dentro del mismo. Ser piadoso nunca ha estado de moda ni lo estará, excepto en la nueva creación; por ello, aunque aumentemos presencia social o crezcamos en número, el mundo solo amará lo suyo.

¿Esto significa que la función o posición social de la iglesia está condenada al fracaso? No, porque Jesús nos ha dicho que debemos ser sal y luz. Lo primero tiene que ver con lo que hacemos en medio de la sociedad como testimonio de nuestra fe, lo segundo está relacionado con lo que somos, con nuestro carácter piadoso como testimonio de la eficacia del evangelio que hemos creído. Por eso Jesús nos manda a que nuestras obras justas alumbren en la sociedad, para que el Padre que está en los cielos sea glorificado en ellas (Mt. 5:16). Entonces, si la posición social o el status de la iglesia evangélica es ser sal y luz a la vez ¿cómo lograrlo? Hay tres cosas que urgentemente la “Iglesia Evangélica Protestante” de El Salvador debe hacer: volver a “Protestar”, volver a ser “Evangélica” y volver a mostrarse “Iglesia”.

La iglesia protestante de El Salvador debe volver a protestar. Volver a protestar contra aquello que contrarresta cultural, social, política y financieramente la voluntad de Dios. Una de las herencias de la Reforma de hace quinientos años fue la protesta en contra de las ideas sociales, culturales y religiosas que alejaban la mente y el quehacer de la sociedad de la Biblia y, por tanto, de la voluntad de Dios. Esto se ha perdido desde hace muchos años en El Salvador, no solo no se opina, sino que cuando la iglesia evangélica lo hace, muestra mucha ignorancia pasiva y poca razón de fe. Si queremos volver a protestar, entonces debemos volver a estudiar la Escritura y sus sanas doctrinas históricas, porque protestamos a partir del mensaje de Dios en ellas. Los pastores debemos estudiar formalmente el texto Bíblico.

La iglesia evangélica necesita volver a ser evangélica: vivir para y por el evangelio, explicarlo, enseñarlo, predicarlo y establecerlo por ética, pero para hacerlo es necesario divorciarse de los novios que hasta el día de hoy tienen la iglesia salvadoreña y sus púlpitos: partidismo político, amor por el dinero, amor por ser el pastor-rey entre el pueblo de Dios, entre otros más.

La iglesia evangélica protestante en El Salvador debe volver a mostrarse Iglesia, “ekklesía”, esto es vivir como lo que somos, piadosamente, no solo a través de cultos o servicios redimidos, sino por medio de mostrar la piedad como el modelo de vida particular en cada creyente.

“Iglesia”, “evangélica” y “protestante”, no solo son adjetivos, sino que deberían ser verbos en la vida de todos los creyentes, de los “llamados afuera”, para ayudar a los que todavía están dentro. Solo cuando Jesús recupere su “status” en la iglesia, la iglesia lo recuperará como sal y luz en medio de la sociedad.

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