Crímenes de odio

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Por: Pastor Mario Vega

De acuerdo al Instituto de la Libertad de Religión, aproximadamente tres cuartas partes de la población mundial viven en países y territorios donde la libertad de religión se encuentra restringida. Se calcula que en la actualidad unos 200 millones de cristianos sufren persecución en el mundo. Algunas veces la persecución ocurre en países en donde la libertad de culto se encuentra garantizada constitucionalmente, pero en la práctica, existe una intolerancia hacia las personas que constituyen la minoría cristiana. En otros países, en donde existe el delito de apostasía, los cristianos son perseguidos de manera oficial y con el uso de las instituciones de Estado. Es por esto último que el 80% de la persecución se produce en el mundo musulmán. Los países que se muestran menos tolerantes hacia los cristianos son Iraq, Siria y Egipto. Como consecuencia, se calcula que un estimado de 900,000 cristianos han sido asesinados en los últimos diez años víctimas de diversos crímenes de odio. Eso implicada una media de un cristiano asesinado cada seis minutos. Lo cual, convierte a los cristianos de diversas confesiones en el grupo más perseguido del planeta. Más cristianos fueron muertos durante el siglo XX que en los siglos precedentes y en el siglo XXI el índice se ha incrementado. La persecución de los cristianos incluye elementos como el uso de bombas, expropiaciones, incendios, demoliciones, restricciones sociales, marginación laboral, encarcelamientos, exilio, separaciones familiares, golpes, mutilaciones, tortura, violaciones, esclavitud, degollamientos, decapitaciones, fusilamientos, ahorcamientos y crucifixiones. En Colombia y Venezuela existe una recurrencia en hechos de persecución y en México, particularmente en Chiapas, existe una abierta hostilidad en contra de los cristianos evangélicos que ha producido desplazamientos forzosos, violaciones, expropiaciones y asesinatos.

Mientras ese silencioso holocausto ocurre, en la mayor parte de países occidentales apenas nos damos cuenta del drama que ocurre en otros países y continuamos viviendo un cristianismo frívolo y despreocupado de los demás. Hay varias cosas que podemos hacer para que las cosas sean diferentes. La primera es cobrar conciencia del doloroso drama que viven los cristianos en países intolerantes. Informarnos de las condiciones que enfrentan, los peligros que corren y las amenazas que sufren. A mayor conciencia tengamos del drama que se vive, más puertas de acción podremos encontrar. El Salvador es un país que posee relaciones diplomáticas con muchos de esos países. La diplomacia debe ser utilizada para hacer mención de la conciencia que se tiene de la persecución y que no pasa desapercibida. Las políticas internacionales se construyen a partir de las políticas locales. Aquellos esfuerzos que comienzan en lo local, pueden ir desarrollándose en la medida que más personas y funcionarios se suman hasta lograr incidir en las relaciones diplomáticas con otros países. También se puede apoyar a las organizaciones cristianas que ejercen una abogacía a favor de los cristianos perseguidos. Todo ello, sin olvidar el importante papel que posee la oración. Casos que parecían perdidos se han resuelto positivamente cuando los creyentes se pusieron de acuerdo en orar por ellos. Eso puede explicar el por qué, en los países donde la persecución es mayor, la iglesia sigue creciendo con mayor celeridad que en los países donde hay libertad de culto. Lo importante es hacer algo, porque si no hablamos, estamos hablando y si no actuamos, estamos actuando.

 

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