Escoge la vida, para que vivas tú y tu descendencia.

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POR JULY DE SOSA 

Los cristianos reconocemos que la vida, es un regalo que de Dios recibimos, y como todo lo de este mundo también la vida, tiene un tiempo de caducidad. “Todo lo que un día nace, un día morirá”. Esta realidad es aceptada por unos, y rechazada por otros. Lo cierto es que nuestra aceptación o desaprobación, no cambia esta realidad. Pienso que nuestro punto de vista en cuanto a la vida y la muerte; cambia desde el instante mismo que dejamos de preocuparnos por nuestra partida, por ocuparnos que nuestra permanencia aquí sea lo más provechosa posible. Eso es precisamente en lo que Dios pensó, al darnos el regalo de la existencia, “que nuestra permanencia aquí cumpla su propósito” y para ello su palabra escrita es en todo tiempo, la guía a seguir para vivir una vida provechosa. Desde el comienzo de la historia encontramos mandamientos a cumplir y limites que respetar, por todos los llamados hijos de Dios. En el libro de Deuteronomio 30: 1-20.

Encontramos una vasta lista de bendiciones a causa de obedecer la palabra de Dios. El verso 19 cita: A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición, escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. Pero ¿Qué es, escoger la vida? Escoger la vida, es vivir a la manera de Dios respetando los limites puestos por ÉL, sin sentir el sacrificio al hacerlo, por pensar que no disfrutaremos de los placeres de esta. La palabra de Dios nos advierte que “Todo nos es permitido, pero no, todo nos conviene” y lo que menos nos conviene, es vivir enemistados con Dios, con los hombres, y con el planeta que habitamos. Ciertamente los homicidios que a diario son cometidos por personas enemistadas con Dios y con lo creado por su mano, no existirían si sus hechores, escogieran aprovechar su vida, respetando la vida ajena. ¿Cuántos matrimonios permanecerían si se respetarán los limites dentro de esa unión? O ¿Cuántos padres e hijos vivieran en armonía con solo el hecho de respetar la individualidad de cada uno? La sociedad en general fuera más productiva, si se escogiera respetar las opiniones, creencias y decisiones ajenas a las propias, sin señalar y juzgar. Esto último, aunque suene difícil, se logra cumpliendo el segundo mandamiento dado por JESÚS: Amaras a tú prójimo como a ti mismo.

Si tenemos amor por nuestro prójimo, no, lo matamos, no lo engañamos, no lo señalamos, no le robamos, no procuramos ningún mal para él. Lo mismo pasa si aprendemos a amarnos a nosotros mismos, como Dios nos ama, ese amor que nos tengamos hará que valoremos nuestra vida y que nos esforcemos por ser felices, desarrollando los dones y talentos de cada uno, no olvidemos que los límites del éxito son puestos por nosotros, y no, por Dios él, ya nos entregó la tierra para poseerla. ¿Qué le parece si cada comienzo de día, escogemos la vida? Y seguimos el consejo escrito en el libro de Isaías 55:6-7.

Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre perverso sus pensamientos, y vuélvase a Dios, el cual tendrá de él misericordia, y será amplio en perdonar.             

¡Paz y bien para todos!

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