Mantente firme navegando y aviva el don en ti

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POR JULY DE SOSA

Es importante en nuestro viaje por la vida, mantenernos navegando firmes hacia la dirección que elegimos. Y más cuando de permanecer en el camino de Dios se trata.

La mayoría de las personas que elegimos vivir esta vida siguiendo el propósito de Dios en nosotros, estamos conscientes de que mientras habitemos esta tierra, no faltaran situaciones desfavorables que pudieran causar desanimo, al grado de que el don del fuego de Dios que recibimos cuando le conocimos, puede ser amenazado con extinguirse dentro nuestro. El apóstol Pablo, referente a esto, aconsejo al hijo de Eunice, llamado Timoteo, a que avivara el don de Dios dentro de él. ( 2 Timoteo 1:6)

Avivar el don de Dios es responsabilidad de cada uno, ya que nadie aparte de nosotros mismos, puede hacerlo. Podemos escuchar las mejores predicas a nuestro parecer, y recibir palabra especifica de Dios para nosotros. Pero será decisión nuestra retener y alimentar lo recibido de Dios. En el evangelio de Mateo 25:14-30. Se encuentra una parábola muy interesante que muestra las diferentes formas de administrar, lo que de Dios recibimos, la parábola enseña que un hombre yéndose lejos, entrego talentos a cada uno de sus siervos para que los cuidaran y desarrollaran. Tiempo después a su regreso, pidió cuentas a cada uno del talento recibido. “Le invito a que lea la parábola” y descubra lo que aquellos siervos respondieron.

Ciertamente todos tenemos talentos, en común, Pero cuando ya no somos solo criaturas de Dios, sino hijos, por medio de la sangre de nuestro señor Jesús, dones se activan dentro nuestro, para trabajar conforme a los propósitos de Dios y cumplir la gran comisión de predicar el evangelio a toda criatura, como también la sabiduría para arrebatar las promesas de Dios entre otras cosas que tienen que ver con la práctica de un nuevo estilo de vida en Cristo. Es por esa razón que avivar el fuego de Dios en nosotros mismos, es apremiante para continuar nuestra ruta. Ignorar esto es peligroso, ya que por naturaleza siempre culpamos a otros de no hacer, lo que es exclusividad nuestra hacer. Si tenemos ojos para ver, oídos para escuchar, y boca para hablar. Debemos usarlos para leer la palabra de Dios, escuchar sus consejos y promesas, y hablarnos a nosotros mismos para darnos aliento y esperanza; sin necesidad que alguien más lo haga por nosotros, y más aún en tiempos difíciles. Ignoro si su viaje por la vida se encuentra en calma o este atravesando turbulencia, independientemente de su estado, quiero animarle a que ¡Avive el don de Dios en su interior! Y que renueve sus fuerzas, en las promesas de Dios para usted, además de descansar en su voluntad que no me cansare de repetirle es buena, agradable y perfecta. Para con todos sus hijos… ¡Feliz recorrido por la vida!

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