POR QUÈ TANTO “NO”?

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Exodo 20:13

“No matarás.

No cometerás adulterio.

No hurtarás.

No darás falso testimonio contra tu prójimo.

No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo…”

Estos pasajes son de los mas incomprendidos por la escuela de Sigmund Freud y sus seguidores. Para los sicólogos estas frases son incomprensibles. Muchos de ellos dicen que nuestros niños están siendo criados bajo restricciones muy peligrosas que ponen en riesgo su desarrollo personal e individual. Que eso de tanto “no” en su crianza a edad temprana les está provocando traumas que después no sabrán como solucionar y que se les está castrando para que no tengan vidas plenas, satisfechas y felices.

Todos sabemos que en la década de los 60`s Estados Unidos obedeció a los estudiosos de la escuela freudiana y prohibió que en las escuelas públicas se mencionaran los Diez Mandamientos agregando a eso  que ya no se orara en el Nombre de Dios ni siquiera se mencionara su Nombre porque era alienante para los estudiantes. Y, claro, Latinoamérica, imitó ese estilo de vida. Los estadounidenses dijeron  que debían dejar que los niños crecieran a su libre albedrío y que cada uno, a su tiempo, sabría como comportarse social, ética y moralmente. Que de su propia naturaleza brotaría la necesidad de ser morales, éticos y respetuosos de la vida ajena. Que les dejaran libres sin tantos cercos que prohibieran conductas tempranas para evitarles dolores en el futuro. Que les dejaran ser “chicos” y que con el tiempo ellos mismos encauzarían sus vidas por el buen sendero. Porque, -dijeron los “sabios de la conducta humana”-, no era necesario tanto “no”.

Craso error.

Ya usted sabe el resto, pero como dijo alguien, cuando un pueblo olvida la historia, todo se vuelve a repetir. ¿Què sucedió con esa generación a la que dejaron vivir a su antojo, sin las restricciones Divinas? Primero, nació el movimiento hippy. Woodstock con su “amor libre” que no fue más que un desenfreno sexual entre los jóvenes de ese movimiento.  Abortos, hachis y marihuana en su más horrible esplendor.  Luego siguió lo sicodèlico con drogas más mortíferas y empezaron a morir sus predicadores. Fue la época del anarquismo social. Los “chicos” empezaron a matar a sus padres a sus maestros y compañeros de escuela. Al verse libres de restricciones y haberles negado el privilegio de aprender las consecuencias del mandamiento No Matarás, empezaron a saltarse los cercos y tuvimos, (digo tuvimos porque yo tengo ya 70 años y aún estoy viviendo el fracaso de esa generación) que vivir bajo el flagelo de una generación egoísta, hedonista, libertina y mal educada. ¿Buenos días? Ya no se usa, pastor Berges. ¿Que manda? ¡Menos!

¿Por què los Mandamientos de Dios para la humanidad  son tan rechazados aún por muchos pastores? ¿Por los mismos que debemos enseñar a la generación que se congrega bajo nuestros púlpitos?  Porque para vergüenza nuestra lo digo, los primeros malcriados y mal educados entre la juventud son los jóvenes que se sientan en las sillas de las iglesias evangélicas. Basta ver como se visten, como se cortan el cabello, como se dejan crecer el cabello y presumen de sus peinados afeminados y aún muchos con colas en sus cabezas cuando la Escritura ordena que el hombre no debe dejarse crecer el cabello. Y ni que hablar de sus famosos aritos.

Yo no sé si soy obsoleto o què, pero me es muy difícil entender por què hoy ya no se acostumbra que los jóvenes digan buenos días cuando se encuentran con adultos en las entradas de las iglesias. Por què ya no se ponen de pie cuando el pastor o alguna autoridad les hablan, cuando las Escrituras ordenan que ante las canas deben ponerse de pie.

Bendigo a Dios y a mis padres de la Generación del Silencio que me enseñaron esas costumbres y buenos modales que aún hoy a mis setenta años no puedo dejar de practicar. Y debo decir, para aclarar las cosas, que cuando me educaron en mi casa, nadie era evangélico. Eso para aportar alguna idea que enseñar moral y buenas costumbres, prohibir mentir, robar, codiciar y envidiar no es por ser evangélicos. Mis padres fueron católicos mucho tiempo antes de convertirse al Señor, así que la educación moral no tuvo nada que ver con el Evangelio de Cristo. Fue cuestión de pinde formar en mí y mis hermanos las buenas costumbres que la sociedad exige o por lo menos, exigía en aquellos tiempos.

Esto nos enseña que los Mandamientos de Dios no son para oprimir. No son para esclavizar ni para anular la personalidad de nadie.  Mucho menos como dicen los discípulos de Freud, para castrar o traumatizar a nadie. Al contrario, son para ajustar la conducta de los hombres por la sencilla razón que fuimos hechos para vivir en sociedad. Fuimos hechos para compartir la vida, el mundo y los espacios con otros seres humanos. He allí el por què la Ley de Dios me dice que no debo robar, porque al robar le estoy haciendo daño a otros. Me dice que no debo codiciar la mujer ajena porque al hacerlo, estoy dañando un matrimonio, estoy destruyendo un hogar. Cuando al niño se le enseña a no robar, se le está enseñando que el bolsón del compañero no le pertenece y que sus lápices o crayones son de propiedad ajena. No es cuestión de religión, es cuestión de respeto. Es cuestión de moral. De buenas costumbres sociales.

El fracaso de nuestra sociedad hoy en dìa se debe a que en los hogares ya no se enseñan la Ley y los Mandamientos para saber vivir en sociedad. Son los padres y la Iglesia como Cuerpo de Cristo quienes le están fallando a la juventud que está muriendo en las calles, a las niñas que están siendo violadas, a los ancianos que ya no hay quien les ceda el asiento en los buses porque desde pequeños se les enseñò a los consentidos de la casa a sentarse aún a costa de que la madre fuera de pie. Es una vergüenza de veras todo lo que se está viendo hoy en dìa.

Los padres y la Iglesia le están fallando a Dios porque como encargados de enseñar su Ley a sus hijos los están dejando a la deriva, esperando, como dijeron los sicólogos americanos, que ellos solitos iban a aprender las buenas costumbres.  Vea a la juventud comiendo en restaurantes de comida rápida, como se sientan con las piernas cruzadas en sus sillas, con la gorra puesta y por supuesto, con su infaltable celular en la mesa. ¿Aprendieron ellos por sí mismos la buena costumbre de sentarse correctamente a la mesa? ¿Aprendieron los muchachos a descubrirse la cabeza antes de empezar a comer? ¿Recogen su bandeja y dejan limpia la mesa para que el siguiente usuario la encuentre como debe ser?

¿Que estamos haciendo, pastores? Creo que es hora de empezar a enseñar como vivir en la tierra y dejar por un momento como vamos a vivir en el cielo.

¡Ah! Se me olvidaba: empecemos por nuestra propia casa.

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