¿El aborto es asesinato?

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Pastor Javier Domínguez – iglesia Gracia Sobre Gracia
Una respuesta Bíblica Teológica a la intención de despenalizar el aborto en El Salvador
La traición a la vida en apoyo a la cultura de la muerte por parte de algunos diputados que anunciaron su deseo de aprobar la despenalización del aborto antes de finalizar su período como legisladores; así como la pasividad de algunos cristianos hacia esta temática, es lo que me motiva a escribir este artículo.
En esta ocasión mi aporte al tema es sobre si el aborto es considerado un asesinato desde la cosmovisión bíblica. Los defensores de la vida responden contundentemente que sí, que el aborto es un asesinato. Presentan argumentos científicos que demuestran que el no nacido es una persona viva y en crecimiento desde su concepción, por tanto, como toda persona tiene derecho a vivir. Pero ¿qué dice la Biblia? ¿acaso guarda silencio en este tema? ¿se considera al no-nato una persona? ¿Las Sagradas Escrituras contemplan el aborto como asesinato? La Biblia es la Palabra de Dios, fuente de la cual bebemos para crecer en la fe. La Biblia es autoridad para todo cristiano, no una autoridad, sino la única y verdadera para las cuestiones de fe, pero también de la vida. Por eso debemos prestar atención a lo que nos enseña sobre este tema.
En este articulo abordaré dos verdades bíblicas de manera teológica para responder esas preguntas. En primer lugar, argumentaré que según la Biblia todo embrión dentro del vientre materno es una persona con alma y cuerpo; y en segundo lugar que, en consecuencia, el aborto no natural es considerado asesinato. Concluiré haciendo un llamado a los cristianos verdaderos a dar una respuesta clara y bíblica al tema de la despenalización del aborto en nuestro país.
¿LA VIDA HUMANA COMIENZA CON LA CONCEPCION?
Sal 139:13-16 Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre. 14 Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien. 15 No estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado, y entretejido en las profundidades de la tierra. 16 Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.
En el Salmo 139 David es acusado falsamente de idolatría. Él clama a Dios para que le ayude a mostrar su inocencia, sobre la base de la omnisciencia y omnipresencia del Dios Creador, quien conoce al salmista desde antes de crearlo en el vientre de su madre, porque como un alfarero lo hizo en el vientre de su madre, y como un tejedor lo tejió dentro de ella. En este texto encuentro tres verdades relevantes a la discusión sobre si bíblicamente el aborto es asesinato o no:
La vida humana comienza desde el día de la concepción. Para que alguien sea considerado un ser humano se requiere que posea una parte material o “cuerpo” unido a su parte inmaterial consciente o “alma”. En este texto vemos que Dios le asigna ambas condiciones a David desde el momento de su concepción. En la frase “formaste mis entrañas”, el verbo “formaste” en el idioma original, tiene el sentido de ser “creado” o “traído a existencia”. La palabra en hebreo correspondiente para entrañas es “riñones”, un modismo común usado para referirse a la conciencia del hombre, a la parte más profunda del ser humano, donde se experimentan los sentimientos y la conciencia del bien o del mal o “moralidad” de la persona; funciones exclusivas del alma humana. (vea el uso de este modismo en Ap. 2:23). Así el salmista David reconoce que él es una persona desde su concepción. Desde antes de nacer, durante su crecimiento dentro del vientre, en su nacimiento y hasta su vejez, él fue y sería una persona en cada etapa de su vida. La Biblia por tanto está afirmando que desde la concepción todos somos personas completas, pues no solo tenemos un cuerpo en formación dado por Dios, sino también un alma funcionando.
  1. El “embrión” dentro del vientre es considerado una persona, aun cuando su cuerpo no se ha desarrollado plenamente. David escribe en este salmo “tus ojos vieron mi embrión”. La palabra para embrión es “golem”, tiene el sentido de una materia o sustancia viva, pero sin forma, es decir, es una etapa antes de que se considere un feto. Esto equivale a lo que hoy llamamos embrión. Así al escribir esto, el salmista señala que vino a ser una persona desde el día uno de su concepción, y desde ese momento en el libro de Dios se escribieron “todos los días” que le fueron dados para vivir como hombre, aún “cuando no existía ni uno solo de ellos”.
  2. El salmista confirma esta idea al decir “no estaba oculto de ti mi cuerpo, cuando en secreto fui formado”. Lo que está diciendo David es que desde que era un embrión, aún sin forma humana, fue considerado por Dios, su Creador, como cuerpo y alma a la vez, como una persona completa desde el vientre de su madre. El embrión mismo como sustancia material en formación, es considerada cuerpo-alma, una persona real a la cual Dios, habiendo creado, está desarrollando, hará nacer y crecer para luego relacionarse con él como su Creador. Esto es maravilloso.
  3. Dios es nuestro Creador, Él es dueño de cada persona. David dice “Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho; maravillosas son tus obras, y mi alma lo sabe muy bien”. Reconoce que él mismo, como persona, es una maravillosa “obra” de Dios. Alma y cuerpo fueron “hechos” por Él. Así, por tanto, el derecho definitivo al uso del cuerpo no corresponde a David, sino a su Creador, al dador de la vida, a quien alaba porque asombrosa y maravillosamente le hizo persona.
El Salmo 139 nos enseña que la vida humana surge desde el día uno de la concepción, pero este no es el único pasaje que lo afirma, aunque probablemente sí sea el más contundente. En el libro de Job vemos que a causa de su profundo sufrimiento llegó a decir “Perezca el día en que yo nací, y la noche que dijo: Un varón ha sido concebido.” (Job 3:3). En hebreo el sustantivo varón significa “hombre adulto”, mientras que el verbo en tiempo pasado “concebido” significa “fue preñada”. Así vemos que para las Sagradas Escrituras el hombre adulto es considerado una persona desde el día en que fue concebido en el vientre de su madre. El no-nato es un ser humano, poseedor de alma-cuerpo, una persona.
Otro texto que nos muestra esta verdad es Lucas 1:39-45. Aquí se nos narra la visita de María, mientras estaba embarazada, a su prima Elisabet, quién en ese momento tenía 6 meses de embarazo. Dice Luc 1:39 “En esos días María se levantó y fue apresuradamente a la región montañosa, a una ciudad de Judá”. Esto es importante porque fue durante los primeros días de su concepción. Hoy sabemos que un embrión se implanta en el útero de la mujer entre el cuarto y séptimo día después de haber sido concebido. Por tanto, es muy probable que fue dentro de ese rango de tiempo que María visitara a su prima. Lucas nos narra lo que sucedió cuando llegó Luc 1:41-43 “Y aconteció que cuando Elisabet oyó el saludo de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 42 y exclamó a gran voz y dijo: ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! 43 ¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?” Elisabet, llena del Espíritu Santo, exclamó “bendito el fruto de tu vientre”. La palabra “karpos” puede significar “fruto”, “producto” o “cosecha”; pero a su vez los judíos la usaban para referirse al “bebé”. Esto lo vemos en Hechos 2:30 traducido como “descendencia”. Así cuando Elisabet exclama “fruto de tu vientre” está señalando al embrión recién plantado en el útero de María, al cual llama “mi Señor”. Esto es impresionante. Elisabet reconoce ese embrión como el Señor Soberano de todas las cosas, el Cristo profetizado, aun cuando faltaban 9 meses para que Jesús naciera. Así, cuando el Espíritu Santo testifica como “Señor” al embrión recién implantado en el vientre de María, está a su vez demostrando que ya era una persona con alma y cuerpo desde antes de nacer.
Dios encarnó en la persona de Jesús, vino a ser humano a partir del momento de su concepción. En este punto de la argumentación podría concluir de manera lógica que por cuanto la Biblia ha demostrado que la vida humana comienza desde la concepción, el aborto en cualquier etapa del embarazo debe ser considerado asesinato. Pero aun así quiero dejar que la Biblia nos hable de eso.
¿ES EL ABORTO UN ASESINATO?
Dentro de las leyes que Dios dio a Moisés Ex 21:22-23 dice “si unos hombres riñen, y hieren a una mujer encinta, y sus hijos salen sin haber más daño, ciertamente serán multados según lo que el marido de la mujer imponga sobre ellos y les sea impuesto por los jueces. 23 Pero si se produce una desgracia, entonces darás vida por vida”. El versículo 22 afirma que, si accidentalmente alguien causaba un parto prematuro a una mujer embarazada, pero si sus hijos salen sin daño y ella no muere, el agresor debía dar una compensación impuesta por las autoridades. Pero el versículo 23 dice que, aunque fuera un accidente, si alguna desgracia se produjera, refiriéndose a la muerte ya sea de los hijos abortados o de la mujer por causa del aborto, el agresor debía de pagar con su propia vida.
Esta es la aplicación del principio “ojo por ojo” conocido como Ley del Talión, una ley que solo podía ser impuesta y ejecutada por las autoridades. Este texto nos enseña dos verdades importantes:
1. Los bebés no nacidos son personas en cualquier etapa de gestación. La aplicación de la Ley del Talión contra el causante que llevara a la práctica, aún accidental, de un aborto, nos confirma que consideraban al bebe no-nacido una persona con derecho a la vida, que debía ser protegido por las autoridades.
2. Cualquier daño mortal contra la mujer embarazada o contra sus embriones a causa de un aborto no natural, constituía una negligencia criminal que implicaba responsabilidades penales. Es decir que, para Dios, ante Dios y en su Ley, el aborto no natural siempre ha sido y será asesinato, pues el no nacido es una persona con alma y cuerpo desde su concepción.
Vemos en la Biblia que el aborto es considerado un pecado de asesinato por cuanto desde el momento de la concepción ya se es persona, ser humano, individuo con alma y cuerpo, aunque éste último está en formación.
La iglesia primitiva también lo vio así. En la Didaché o Enseñanza de los doce apóstoles, libro escrito en el 70 d.C aproximadamente, aún época de los apóstoles, se ordena en el segundo mandamiento “No matarás,… ni matarás a un niño con un aborto, ni matarás al recién nacido…” (2,2).
En la epístola de Bernabé, escrita entre el 70-79 d.C, en el párrafo 17 titulado “El camino de la luz”, este padre de la iglesia escribió “No estarás indeciso sobre si una cosa es o no es. No tomarás el nombre del Señor en vano. Amarás a tu prójimo más que a tu propia alma. No matarás a un niño en un aborto, ni tampoco lo matarás cuando haya nacido”.
En la epístola de Diogneto, probablemente escrita en el siglo II, en el párrafo 5 donde escribe acerca de las diferencias en la práctica de vida entre los creyentes y de los que no lo son, dice acerca de los cristianos “Se casan como todos los demás hombres y engendran hijos; pero no se desembarazan de su descendencia…”
Tertuliano en su libro Apología escrito a finales del s. II d.C., en el capítulo 9:8 escribe “El asesinato, estando una vez y para siempre prohibido, no permite destruir ni siquiera el feto en el vientre… Obstaculizar un nacimiento es meramente una forma más rápida de matar; no importa si tomas una vida nacida o destruyes una que va a nacer. Ese es un hombre que va a ser; tienes la fruta ya en la semilla”.
Todo esto ofrece una evidencia de que para la Biblia y para los cristianos comprometidos con el evangelio de Jesucristo, el aborto no natural es considerado asesinato y conlleva responsabilidad penal a quien lo realiza.
UN LLAMADO A LOS VERDADEROS CRISTIANOS
Lamentablemente, algunos diputados de nuestro país, en compromiso con la agenda pro-aborto, quieren despenalizarlo en este mes, antes de dejar sus funciones legislativas. Esto no solo es un retroceso en términos morales, sino una traición a la voluntad de la mayoría de los salvadoreños, así como un claro respaldo a la cultura de muerte que en el mundo se busca legitimar.
Pero si somos honestos no podemos esperar menos de quiénes no han creído aún en el evangelio. Sabemos que su sabiduría no proviene de Dios, sino del mundo. Su cosmovisión, acerca de cualquier aspecto de la realidad y de la vida no es bíblica, sino anti-Biblia, y con ello anti-Cristo, pues de Él habla la Escritura. Así que no deberían sorprendernos estas iniciativas y la fuerza con que las quieren llevar a cabo.
Pero lo que si nos debe sorprender es la pasividad y el silencio que adoptan los que dicen ser cristianos, ante esta iniciativa que tendría un efecto nocivo en nuestra sociedad. El temor al hombre y no a Dios ha invadido el corazón de muchos cristianos nominales de nuestro país. Temen lo que el hombre les pueda hacer si ellos protestan o se oponen a sus agendas culturales, pero no temen ofender al verdadero Dios mientras lo hacen. Se ven más preocupados por su propio bienestar que por la gloria de Dios en medio de nuestra nación. Eso no puede ser así.
Los cristianos somos protestantes, testificamos a favor de la fe en medio de una nación pagana, aún cuando eso represente ser odiados por ellos. Somos evangélicos no solo porque creemos en el evangelio, sino porque lo predicamos, lo hablamos, lo enseñamos y lo vivimos en medio de la sociedad. El evangelio siempre ha sido contra-cultura en cada generación. Jesús dijo que los que son amigos del mundo se constituyen enemigos de Dios. Hablo entonces de que si a Él lo persiguieron entonces a nosotros también. Por esto, si el mundo ama a alguien que se autodenomina cristiano, posiblemente sea porque no lo es. Por eso Pablo anima a la iglesia a examinar si están verdaderamente en la fe.
Ante el tema de la despenalización del aborto, como otras agendas mal llamadas progresistas, que en verdad son “regresistas”, el cristiano debe hablar, levantar su voz, testificar el evangelio hablando a favor de lo que la Biblia enseña por encima de lo que las otras voces dicen para hacerlo callar. El aborto no natural es asesinato, y asesino quien lo inflige, así lo enseña la Biblia y así debemos enseñarlo también nosotros.
Hermanos y hermanas, debemos oponernos a la despenalización del aborto, proclamar el evangelio a todos los que lo apoyan, pues esa es nuestra misión real; pero a su vez debemos enseñarles con amor, sabiduría y firmeza que el aborto es asesinato y un serio daño a la familia y a la sociedad. La iglesia cristiana es la conciencia de toda cultura, siempre lo ha sido y siempre debería de serlo.
Que la gracia de Dios sea con todos nosotros y que Dios nos dé denuedo para hacer lo que tenemos que hacer en nuestro tiempo.

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