Cristianos atrasados retrogradas del tiempo

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Muchos acusan a viva voz o por lo menos a través del pensamiento que los cristianos somos una suerte de atrasados retrogradas del tiempo. Algunos piensan y de forma genuina y honesta que en esta época solo puede ser cristiana una especie de persona desfasada, irreflexiva, intolerante y muy poco inteligente, y aunque tal razonamiento es tan inadmisible como falaz, cierto es que somos culpables que crean así.

Porque es verdad que todavía la mayoría de cristianos vivimos de una fe prestada e impresionable, esa que nos “enchina” la piel el domingo en la iglesia pero que no nos alcanza para perdonar el lunes por la mañana. Somos culpables de llamarle unción al dolor que nos provocan nuestras heridas mal sanadas cuando escuchamos aquel corito, culpables de querer doblarle la mano a Dios para conseguir el “milagrito” convirtiéndonos en extorsionistas de la fe.

Es cierto, somos culpables de llamarle propósito divino al despido por quinta vez del hermanito líder ocultando que lo despiden y seguirán despidiéndole por su mediocridad, sobre esto los más doctos dirán que siempre hay un propósito de lo alto y no lo dudo, pero seguro que el propósito en este caso es: que el hermanito líder deje de ser de poco mérito y se ponga a trabajar bien y en serio. Culpables somos cada domingo cuando portamos con orgullo y reverencia la máscara religiosa del “Dios le bendiga hermano” pero vamos chismorreando con el feligrés de al lado, culpables somos de ir al “culto” siendo incultos tirando basura por doquier, gritando  y echándole el carro al prójimo, culpables somos de tener tan dividida la gracia y mantener a los rockstar de la fe en los altares de nuestras casas, somos tan culpables cuando llenamos los púlpitos de mentiras y manipuladoras intenciones tergiversando la ley y enredando la gracia.

Culpables somos de no leer, de no saber, de no escuchar, de no aprender, de no dar ejemplo, de no estudiar, de no reflexionar y hasta de no dudar, culpables somos de no practicar el amor y la caridad, de no ser influencia en la academia, en el arte, en la política y ni siquiera en nuestro hogar, culpables de no poder defender nuestras creencias, de no conocer una fe razonable, y de escabullirnos en las áreas grises de la moral sustituyendo la tolerancia por aceptación.

Entonces, no es que los cristianos seamos desfasados retrogradas del tiempo, es que no nos comportamos como tales.

Jonás Herrera es publicista, tiene un diplomado en Biblia y estudios en filosofía. Actualmente estudia un Master en Psicología infantil y adolescente. Por muchos años ha desarrollado ensayos en temas de liderazgo, emprendimiento, juventud y comportamiento social. Es un comunicador de ideas y conferencista.

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