Hablemos de bullying

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POR JULY DE SOSA 

Es muy posible que en nuestros hogares estemos permitiendo o ignorando comportamientos erróneos de parte de nuestros hijos, que pudiera alertarnos para conocer si están siendo, “víctima” o “Victimario” de bullying.  Lo cierto es que como padres tenemos la responsabilidad de modelar y enseñar a nuestros hijos, acerca del amor y compasión para con otros, y para con ellos mismos.  La falta de estos puede resultar “catastrófico” para la herencia que de Dios hemos recibido “nuestros hijos”

Por lo anterior considero importante conocer acerca del tema, ya que forma parte de las modas indeseables para quienes somos padres. Me permito comenzar dando su definición.

Bullying: Acoso físico o Psicológico, con el que agrede continuamente, el victimario a su víctima.

“Bullying” palabra inglesa, compuesta por: Bully = Matón, peleón. Y la terminación ing. Que indica acción.

Por lo general los victimarios, de bullying suelen ser matones, chico o chica populares, racistas o discriminativos, etc. Estos acosan a sus víctimas de forma verbal, social, psicológico o físico. Conozcamos las características y modo de acosar de cada uno.

Matón: Son aquellos chichos o chicas que acostumbran a someter a sus víctimas, con golpes, o gritos. Este patrón de conducta es alimentado por lo que ellos mismos sufren en su casa con padres abusadores que acostumbran los golpes o malas palabras como forma de disciplina. Aunque no todos los niños y jóvenes, maltratados con ese tipo de disciplina, copiaran ese manual de conducta, muchos de ellos si lo harán, y del maltrato recibido, darán a sus compañeros.

Chicos populares: Este tipo de agresores son aquellos que sobresalen en alguna área que puede ser académica, deporte, arte, o como conquistador. Este tipo de bullying no está basado en el maltrato físico, sino más bien en el daño verbal.  Ya que quienes acostumbran a hacer sentir inferiores, a sus víctimas. Por lo general son personas que les admiran mucho y se los hacen saber, porque a pesar de ser ignorados por su “estrella” les siguen y soportan su indiferencia, ocasión que el victimario no despreciará para humillarles y ridiculizarles, frente a otros, burlándose de algún defecto físico, con apodos, o señalando sus debilidades con palabras ásperas y descomedidas. En la mayoría de los casos, su papa, mama, o ambos padres sufren de ese desorden mental, que indirectamente termina por afectar a sus hijos.

Racistas o discriminativos: Este tipo de agresores trabajan la forma más dura psicológicamente hablando. Ya que su fin es dañar la autoestima de su víctima, provocando miedo y temor en ella. Constantemente hacen sentir poca cosa a sus víctimas por lo general son personas a su servicio, o con cargos menores que ellos. Esta actitud al igual que las dos anteriores en la mayoría de los casos, son copiadas del ejemplo de sus padres. En estos hogares es común observar el limite tan marcado que crean los padres con el personal a su servicio, Muchacha, jardinero, vigilante, conserje, maestros personales para sus hijos, meseros, personal de servicio en supermercados, cajeras de banco, secretarias, de oficina o clínicas privadas, etc. Estos niños o adolescentes crecen pensando que esas personas son sus sirvientes y que están obligados a soportar sus groserías, e exigencias, calladamente por el salario que reciben.  Cuando tienen como compañeros a chicos de menor “estatus social” que ellos, dañan su autoestima, ejerciendo dominio sobre ellos. Por la necesidad que tienen de sentirse superiores. Ellos realmente creen que tienen el “poder” hasta de detener el Sol a su paso.  Los jóvenes que practican este tipo de acoso pueden llegar hasta cometer violaciones sexuales, a sus compañeros o servicio doméstico.

La orientación anterior es motivada por la preocupación que siento ante de la falta de atención que a diario veo en algunos padres para con sus hijos, pretendo que esto les alerte y motive acercarse más a sus hijos, prestarles oído, y brindarles consejo oportuno, antes de regaños, señalamientos o castigos.

Recordemos: Dios nos escogió para amar y formar, a nuestros hijos, y un día daremos cuenta de lo encomendado.

¡Feliz y alerta semana para todos! 

 

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