CUESTIÓN DE LENGUAJE

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Efe. 6:13-17 “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, CEÑIDA VUESTRA CINTURA CON LA VERDAD, REVESTIDOS CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA, y calzados LOS PIES CON EL APRESTO DEL EVANGELIO DE LA PAZ; en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. Tomad también el YELMO DE LA SALVACION, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.”

Tenemos un problema para que los cristianos obedezcan a la Palabra del Señor. No es cuestión de enseñanzas. Hay buenos maestros de Biblia. No es asunto de semántica, hay buenos maestros de griego y hebreo.

¿En dónde está entonces el problema para que los asistentes a la Iglesia de Cristo sean obedientes a la Palabra de Dios? Es cuestión de lenguaje, hermanos, puro asunto de lenguaje.

No adulterarás. No robarás. No mentirás. Honra a tus padres. Obedece a tus pastores. No codiciarás a la mujer de tu prójimo, no golpees a tu esposa, ámala como a vaso más frágil, son solo una muestra de lo que muchos que se dicen cristianos no obedecen. Empezando, claro está, por muchos de nosotros los pastores. Adulteramos con los pensamientos. Robamos la Honra y el Honor que le pertenece solo a Dios. No obedecemos sus mandamientos. Pedimos el diezmo pero nosotros no diezmamos. En fin, tengo que llegar a una conclusión: No hemos sido enseñados a obedecer. Simple y llanamente. Es por eso que la Iglesia del Cordero todavía está arrugada y manchada por el pecado.

¿Qué es lo que Dios le dijo a Moisés cuando le dio los mandamientos para que los obedeciéramos? Para que nos vaya bien. Para que vivamos largamente y que seamos prosperados en todo. Todo es asunto de leer y obedecer. Jesús nos dijo: Si me aman guarden mis mandamientos. También dijo que si queríamos ser sus discípulos debemos hacer lo que Él dice. O, dicho en otras palabras, ¿por qué me dicen Señor, Señor y no hacen lo que yo ordeno?

Cuando leemos la Biblia encontramos un solo lenguaje expresado por el Señor: Ordenes. Mandamientos. Instrucciones. Y tenemos que saber que las órdenes se obedecen, no se discuten. Quien escribe esto fue formado en la disciplina militar. Nací, crecí y fui educado bajo esa escuela militar. Soy militar de tercera generación, fui enseñado a obedecer a mis superiores sin cuestionar. De manera que cuando me entregué al Señor allá en Guatemala hace unos cuarenta años, leyendo la Biblia me encuentro con que el Personaje que se le aparece a Josué en medio de una batalla le dice: “Como Capitán del Ejército del Señor he venido”, en ese momento, como hizo Josué que se puso firmes en señal de respeto, entendí que mi Señor tiene un grado militar. Él es MI capitán. Y a partir de allí, todo lo que Él diga, no es para que yo lo analice ni vea si obedezco o no. Ordenes son órdenes. Ordene mi Capitán, yo obedezco.

El conflicto de muchos cristianos es que tienen una mentalidad civil. Y como civiles creen que en el Reino de Dios existe el “yo opino que”, “yo creo que”, “me parece que”, “pienso que…”. Y ese es el motivo de que el crecimiento espiritual de la Iglesia sea demasiado lento. Como dijo Pablo: Debiendo ser ya maestros, muchos aún tienen necesidad de leche.

¿Ha leído usted la Biblia? No va a encontrar palabras civiles. Todo lo que lee en ella es lenguaje castrense. Es lenguaje para personas con mentalidad de soldados. Y los soldados son enseñados, instruidos y entrenados a obedecer. Son personas altamente disciplinadas. Son hombres y mujeres a quienes se les enseña a obedecer para saber mandar. De lo contrario nunca pasarán de simples ordenanzas. Tienen que buscar su propio crecimiento a base de disciplina, estudio y entrenamiento para poder optar a los siguientes grados de la carrera militar. No hay ascenso sin estudio, sin entrega y sin pasión.

¿Cómo fue que un judío como Levi que cobraba impuestos a una simple orden de Jesús lo sigue? ¿Por qué un pescador rudo y malhablado como Pedro a una orden de Jesús se convierte en su discípulo? ¿Por qué lo siguió tan fácilmente? Eso nos dice que Pedro y Mateo sabían obedecer órdenes. La palabra que escucharon fue: Sígueme. No era cuestión de si quieres, si puedes o si se te antoja.  El mismo Jesús utiliza un lenguaje castrense para enseñar a sus discípulos: Si les dan en una mejilla pongan la otra. Si les quitan la camisa den también el abrigo. Si los maldicen bendigan. ¿A qué suena este lenguaje, mis queridos lectores? ¿Acaso es un ruego? ¿Es una súplica? ¿O sencillamente es una instrucción?

Por eso me gusta y entiendo el lenguaje de Pablo. En Efesios 6 nos habla de la parafernalia militar que èl conocía muy bien. Como ciudadano romano sabía perfectamente quien manda. Y no le quedaba más remedio que obedecer. Nunca le preguntaron si quería ir. Solo le dijeron: “ve…” Los ancianos trataron de persuadirlo a no ir a Roma pero él dijo: Tengo que obedecer. ¡Hay de mí, si no lo hago!

No digo que yo sea obediente en todo lo que el Señor me manda. Pero es que a causa de mi naturaleza pecaminosa hay algo que se interpone entre la obediencia y la desobediencia. Pero cuando el Señor me ordena que el fuego del Altar no debe apagarse sino que el sacerdote pondrá leña en él todas las mañanas para mantenerlo encendido, no me queda más remedio que levantarme de madrugada y obedecer sus órdenes. Bendigo al Señor por los pírricos, castigos, disciplinas y todo lo que sufrí en mis años de estudiante en la Escuela Militar porque ahora puedo entender perfectamente lo que Dios me ordena. Cuando Él le dice a Moisés: “Dile al pueblo que…” no le está pidiendo opinión a nadie. Cuando mi Capitán, que es Cristo me dice que ante las canas me ponga de pie, debo hacerlo, cuando me ordena que no debo hacerme tatuajes en el cuerpo, le obedezco. Cuando me ordena que no vea a una mujer con lujuria porque eso es ya adulterio, le hago caso. En fin, ¿quién sale ganando? Yo mismo, mi matrimonio, mi familia, mi congregación.

Cuestión de lenguaje, hermanos, puro lenguaje…

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