Cambio de mandamiento

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Exodo 20:12 “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el SEÑOR tu Dios te da”

 Seamos sinceros con nosotros mismos: Este mandamiento se ha cambiado.

 Parece que el pueblo del Señor, al igual que en el Antiguo Tiempo han decidido hacer sus propios mandamientos. Y todo a la vista de los maestros que somos los encargados de enseñar al pueblo la Ley de Dios. ¿Acaso no es eso lo que dice Malaquìas 2:7? “Pues los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el mensajero del SEÑOR de los ejércitos”

 Pero hoy estamos presenciando en la misma Institución que Dios designó para enseñar sus mandamientos una pérdida de los mismos. Cada congregación tiene sus propios mandamientos. Cada pastor tiene sus propias interpretaciones de lo que ordena el Señor. Hoy no se dice lo que dice la Biblia sino lo que el pastor piensa. Y nos hemos olvidado que somos simple y llanamente mensajeros de Dios para el pueblo que necesita escuchar la instrucción.

 ¡Cómo no van a estar las cosas como están! Es por eso que nuestros jóvenes están yendo a la deriva. Se están yendo a los placeres del mundo, aunque corrijo: Ya no se van al mundo. El mundo ha entrado a la Iglesia. Luces de colores, humo, música estridente, pantalones rotos, dramas de demonios con luz negra y sonidos infernales, hasta con voces que parecen salidos de ultratumba.

 ¿Es eso lo que quiere el Espíritu Santo? ¿Necesita eso el Señor Todopoderoso para que los jóvenes se conviertan a Èl para salvación? Y algo más profundo: ¿Realmente se están convirtiendo al Señor esa juventud que llevan a los templos sus dramas, sus músicas y sus ropajes callejeros?

 Bueno, el gadareno estaba sucio, desnudo y comiendo basura cuando Jesus lo encontró. Es cierto. De alguna manera, y sin ningún atisbo de hipocresía, debo decir que yo estaba en esa misma condición. Pero no me quedé así. Algo o alguien me cambió el paradigma. Alguien fue usado por Dios para limpiarme de toda esa arrogancia e ignorancia que tenía cuando vivía en la pocilga de mis propias inmundicias. Y ese alguien fue un valiente pastor que me enseñò, me educó y me disciplinó. Paulatinamente, dìa tras dìa, culto tras culto, sábado tras sábado mi vida fue siendo transformada hasta llegar a ser lo que debió ser: un nuevo Carlos.

 Sin embargo, amigos, con todo respeto, la Iglesia de hoy ya no está haciendo eso. Los jóvenes no están siendo transformados a la Imagen del Dios que los salva. Sábado tras sábado siguen haciendo sus dramas, entonando sus mismas canciones del mundo con tintes evangélicos sin haber ningún cambio en ellos. Siguen jugando a los novios y a sus mismas costumbres.

 Hoy los lìderes de jóvenes no están insuflando la Palabra del Señor en aquellos que desconocen los valores cristianos y siguen enamorando muchachas, embarazando jovencitas, viviendo sus mismas vidas dentro de las paredes de los templos y utilizando sus mismos estilos de cortes de cabello, maquillajes, tatuajes y toda su parafernalia que vivían en sus calles.

 Y todo esto viene a cuento porque meditando en el mandamiento que encabeza este escrito, hoy hay una corriente no solo en la Iglesia sino también en los hogares en donde  los jóvenes no honran a sus padres. Ni a sus padres biológicos mucho menos a sus padres espirituales. (¿que es eso?) Y es que lamentablemente el mandamiento ha sido cambiado: Hoy es “honra hijo e hija”. Ya no son los hijos los que deben honrar a los padres sino los padres a los hijos. Y en eso, con todo respeto, colaboramos los pastores y lìderes juveniles.

 La tolerancia que tienen muchos jóvenes evangélicos es síntoma de que las cosas han cambiado en la teología de hoy. Los mandamientos han cambiado. Y cuando los fundamentos son destruidos todo cae por el efecto dominó.

 Hoy no se enseña a los jóvenes a honrar a sus padres. Y los padres tienen miedo de exigirles respeto, honra y honor. Es más fácil entonces que hagan sus “cosas” en la iglesia y no en el mundo. Dicho de otra manera: Los pastores prefieren verlos bailando sus modas de rap y reguetòn evangélico y otras cosas en el Templo a cambio que lo hagan en sus canchas de la calle. Es decir, que el vulgarismo callejero se practique en la Iglesia y no en sus barrios donde hay peligro. ¿Peligro? ¿Què es más peligroso, que se vayan al infierno o que los desprecien en la calle?

 Para muestra un par de botones que están en las Escrituras: ¿Se ponen de pie los jóvenes ante las canas? ¿Están respetando a sus mayores? ¿Colaboran en la limpieza de sus casas y de su templo? Los que tienen edad de trabajar, ¿lo están haciendo, o todavía mami los mantiene? Los que quieren tener novia, ¿ya tienen como pagarles un almuerzo o son ellas quienes les pagan sus consumos? Las señoritas que tienen novio, ¿ya saben cocinar? ¿Ya saben picar ajos y cebollas? El deterioro de hoy es resultado de que los padres y maestros de la Palabra de Dios no están preparando a los jóvenes para el futuro que les espera. A unos como hombres que deberán ser cuando tengan su casa, y a ellas para que se preparen para ser esposas.

 El mandamiento de honrar padre y madre sigue vigente aunque lo cambiemos por “honra hijo e hija”. Cuando nos pasen la factura serà el tiempo del lloro y crujir de dientes.

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