¡Ayudemos a nuestros adolescentes a minimizar los efectos contrarios de esa etapa!

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POR JULY DE SOSA

Adolescencia etapa de vida que marca el final de la infancia y comienzo de la adultez; periodo de desarrollo biológico, Psicológico, sexual, y social, en el cual se lucha por la identificación del “YO” se trata de un proceso de autoafirmación, que en la mayoría de los casos el individuo estará rodeado de resistencias, que deberá superar para alcanzar su independencia. Fuentes psicológicas y médicas, sostienen que generalmente la adolescencia comienza entre los 10 y 12 años y culmina entre los 19 y 21 años, generalmente pero como en todo existen excepciones. No pretendo dar una catedra del tema porque al igual que muchos, cada día aprendo más con la adolescente que habita bajo mi techo, pero si deseo aportar parte de lo que de Dios he recibido para ayudar a mi hija a conquistar esta etapa que no tiene por qué dejarle malos recuerdos sino todo lo contrario. ¿Qué le parece? si abre las santas escrituras y analizamos un versículo que considero que si terminamos de entender y ponerlo en obra, nuestro punto de vista cambiaría radicalmente, dejando de ver solo el comportamiento de nuestros hijos, para enfocarnos en nuestro propio hacer. El versículo al que me refiero es Efesios 6:4 Vosotros padres no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

Resulta cómodo como padres señalar la rebeldía de nuestros hijos, no así reconocer que muchas veces somos nosotros quienes provocamos dicha rebeldía. De hecho, considero que tomar con responsabilidad el consejo de Pablo en la cita anterior resulta muy propicio cuando de comprender y guiar a nuestros hijos se trata. Ciertamente mucho es lo que adolecen nuestros jóvenes, siendo lo principal  “la inmadurez e inexperiencia”. Es apremiante entender que los adolescentes necesitan más que dedos señalándoles, consejos sabios provenientes de la palabra de Dios y no de nuestro propio parecer, recordemos que el versículo dice:  Criadlos en disciplina y amonestación del Señor. No es nuestra propia disciplina ni nuestra propia amonestación, es la declarada por Dios. Para que esa palabra sea la luz en sus caminos que mantenga sus pies en la ruta deseada. Cuando como padres nos sentamos en silla de juez, restamos entendimiento al adolescente y alimentamos su ira. Que es precisamente lo que no debemos hacer, ya que es característica de la adolescencia, llevar la contraria en todo e inclinarnos más por lo que nos hace daño, de cara a la acusación constante. Frente a esta realidad somos los padres los llamados a hablarles de las consecuencias que traen nuestras decisiones a nuestros hijos, explicarles que ya no son los niños de ayer pero que tampoco están listos para afrontar las consecuencias de practicar las cosas que practican los adultos. Encuentro un versículo que es de valiosa ayuda para tomar de referencia 1 Corintios 10:23 Todo me es licito, más no todo conviene. Todo me es permitido, más no todo me aprovecha.

Creo fielmente que si como padres tomamos enserio nuestra responsabilidad de mentores con nuestros adolescentes, formaremos hombres y mujeres con carácter e identidades fuertes y decididas. Le invito a que se acerque a sus adolescentes y haga uso de sus dos oídos para escuchar todo y cualquier cosa que ellos quieran decirle, sin señalarlos y mucho menos juzgarlos. Y use su boca hasta que tenga el consejo oportuno para darles, consiente de que sus palabras pueden dar esperanza o desaliento a sus hijos.

¡Feliz semana!

 

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