Idolatrías contemporáneas

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Por: Pastor de Misión Cristiana Elim, Mario Vega

Las prácticas religiosas de la antigüedad giraban alrededor de esfuerzos por alcanzar los actos salvadores de los ídolos a los que se les reconocía supremacía total. Esa salvación se procuraba con la devoción extrema de ofrecer sacrificios humanos bajo la idea de que los dioses se complacían y se volvían propicios con tales ofrendas. En ese contexto Dios expresó en el Antiguo Testamento: «No tendrás dioses ajenos delante de mí». La revelación de Dios rechazaba totalmente los ídolos tanto como los sacrificios humanos. En el Nuevo Testamento Jesús dijo: «No podéis servir a Dios y a Mamón». La palabra Mamón es una trasliteración de la palabra griega que se usaba para referirse a las riquezas. Con ello, enseñaba que el amor al dinero es una auténtica idolatría. La avaricia lleva a las personas a cometer actos de corrupción escandalosos como los que últimamente han sido conocidos en nuestro país. La corrupción se levanta como un ídolo al cuál se le atribuye ultimidad, es decir, todo acto se justifica con el fin de la riqueza pronta. El sentido de poder desnaturaliza al funcionario quien se coloca por arriba de toda norma y de toda sensibilidad.

Al igual que los ídolos antiguos, la corrupción también demanda sacrificios humanos: la discrecionalidad del gobernante le hace pensar que se encuentra por arriba del interés colectivo volviéndose insensible a las necesidades que han de quedar insatisfechas por causa del peculado. En julio de 2008 el Arenal Montserrat se desbordó justo en el punto que había sido señalado por los diseñadores de las obras de mitigación como el lugar crítico que debía ser atendido. ¿Por qué no se ejecutaron las obras recomendadas por los expertos cuando solo faltaban unas docenas de metros de muro que pudieron evitar la tragedia en la Colonia Málaga? Porque la sed de los corruptos es insaciable. Treinta y dos seres humanos fueron ofrecidos sobre el altar de Mamón. Víctimas inocentes sacrificadas a cambio de lujos de mal gusto que hoy se han convertido en la evidencia incontrovertible de todas las pesadillas de los corruptos.

Pero, como todo ídolo, Mamón también ofrece la salvación a quienes le rinden pleitesía: un sistema débil e ineficiente de rendición de cuentas termina por reforzar el absolutismo del funcionario quien se considera a salvo y piensa que aseguró su futuro de manera definitiva. Aparentemente su ídolo le ha retribuido muy bien por su fidelidad. Pero frente a los ídolos se levanta el Señor para proclamar que el primero de los mandamientos es no tener otros dioses. Suficiente razón para que quienes profesan el cristianismo se levantaran y se manifestaran en contra de la corrupción idólatra. El mínimo consecuente sería mostrar indignación. Pero el panorama muestra una indiferencia completa cuando no una participación carente de vergüenza en el culto del derroche y del dinero fácil. El cristiano ha sido comisionado para anunciar redención y denunciar lo que a Dios le desagrada. Es animado a ser luz y sal en un mundo alejado de la verdad. Su lucha contra la corrupción debería ser firme y no permitir la impunidad ni la mentira. No debe permitirse el deslumbrarse por las palabras aduladoras y los regalos costosos. Por arriba de cualquier ventaja temporal debe ubicar su fidelidad a la integridad y a la honestidad. Solamente así podrá retener el privilegio de ser llamado hijo de Dios.

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