Metamorfosis (Una parábola)

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Mateo 6:25b “¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que la ropa?

Hubo una vez un gusanito que se arrastraba por el suelo… Vivía con un miedo atroz porque las aves amenazaban con comérselo. Se escondía entre las piedras del bosque buscando en ellas refugio a sus depredadores.  Su vida transcurría entre el miedo y la oscuridad de sus escondrijos. Su comida era el musgo que recubría las piedras de su entorno. Su cuerpo se encongìa y estiraba para poder moverse con dificultad dolorosa.

El gusanito sabía que eso no era vida. Èl presentía en su interior que había nacido para algo más grande que arrastrarse por el húmedo y sucio suelo en el que se arrastraba. Veía las copas de los árboles, la belleza de las flores y respiraba el suave aroma que ellas desprendían y soñaba con un dìa poder escalar esas alturas y vivir esas experiencias más de cerca. Aunque tuviera que arrastrarse hasta esas alturas. Haría lo imposible por lograr hacer realidad su sueño. Soñaba con disfrutar por lo menos de un rayo de sol… ¡pero estaba tan alto!

En su interior latía la esperanza de un mundo mejor. Soñaba que alguna Mano poderosa lo ayudaría a salir de ese medio ambiente hostil y horrible en el que vivía. Sufría indeciblemente tener que vivir arrastrándose mientras otros volaban y tenían la libertad de elevarse por sobre toda aquella podredumbre. Ese pobre animal rastrero sabía que nunca podría saltar de rama en rama, que no podría disfrutar de los enjambres y pistilos de las flores que exhalaban el aroma de sus perfumes. Sabía que su condición no le permitía ver el horizonte que se adivinaba allá arriba en la copa de esos majestuosos árboles que eran un desafío a su inutilidad.

Habló con Dios y le preguntó por qué su vida era esa. Por què no podía ser libre y ser transformado en una preciosa ave llena de colores y que fuera útil para darle vida y esperanza a alguien más. Pero Dios no le respondió palabra alguna. En el Silencio Celestial el gusanito creyó intuir la respuesta. Si tenía vida, tenía esperanza. Si vivía tenía que ser para algo más que arrastrarse por esos lugares oscuros en que vivía.

Y una mañana se dijo: ¡Basta! Ya no seré un simple gusano.  Aunque me deje la vida en el intento, trataré de buscar un cambio por mí mismo. Haré lo que tenga que hacer pero no puedo seguir siendo lo que otros dicen que soy. Me niego rotundamente a seguir siendo un gusano que se arrastra entre el fango de esta vida. Lo lamento, pero esto no es para mí. Debe haber algo mejor en este universo y tengo que buscar la parte que me corresponde.

Un dìa tomó fuerzas para  hacer algo. Se arrastró hasta la rama de un arbusto, con mucha dificultad llegó a la última hoja de esa rama y empezó a hacer un capullo en su ápice. Con mucha paciencia y esfuerzo fue logrando quedarse encerrado dentro de su obra. Se aisló de todos, se quedó completamente solo, meditó en lo que sería cuando llegara el tiempo de salir y se preparó para hibernar el tiempo que fuera necesario para desarrollar lo que tenía en su interior.

Llegado el tiempo, algo en su instinto le hizo saber que era hora de salir de ese aislamiento. Empezó a hacer un pequeño agujero en el centro del capullo y se preparó para salir a su nueva vida. Fue arrastrándose con mucho esfuerzo, y empezó su odisea de salir por ese pequeño espacio e ir dejando pedazos de piel, pedazos de pasado, la vieja naturaleza fue quedando pegada al capullo del que ya no habría vuelta a atrás. Con cada arrastre sentía que su piel era arrancada a pedazos y un dolor intenso llenaba su alma. Con el contacto del nuevo aire que respiraba algo fue cambiando en su interior. Sabia que ya no era un gusano que mendigaba allá abajo algo que comer. No. Ahora estaba dispuesto a ser lo que siempre soñó.

Y ya fuera del capullo, empezó a sufrir vértigos de emoción al darse cuenta que su cuerpo ya no era el de un simple gusano. Ahora empezó a sentir que de su nuevo ser emergían alas. De su cabeza surgieron antenas que le avisaban que el horizonte le pertenecía. Sus ojos descubrieron un nuevo amanecer. Ya no era el oscuro ambiente de antes. Ahora podía ver la luz del nuevo dìa, podía sentir el vibrante ambiente de las flores, olores, aromas y perfumes que había a su alcance.

Y en un último impulso, tomó fuerzas e hizo lo que nunca se imaginó que podía hacer: volar. Desplegó sus alas y una bella y brillante mariposa se presentó al mundo. Ahora era libre. Ahora podía cantar la canción de la libertad. Ahora podía volar al infinito y disfrutar de todo lo que Dios había hecho para él o para ella. Ya no era el gusano. Ahora era la más linda y preciosa mariposa que el Señor esperaba que se formara. Con dolor, sí, pero había logrado el cambio.

Hermana: Usted no es un gusano para que se arrastre a los pies del hombre que la maltrata. Que la desprecia. Que la humilla y la hace sentir miserable. Dentro de usted también hay una preciosa y hermosa alma que anhela brillar y volar en libertad a la que Cristo la está llamando. Usted no tiene por què mendigar amor, abrazos ni besos de alguien que está en la oscuridad. Usted tiene a su alcance todo lo hermoso que el Creador preparó para usted. Se llama Jesus.

Lector: Usted no es un gusano para que se arrastre a los pies de los vicios que lo destruyen. Usted no tiene por què mendigarle a la televisión ni al sexo los placeres que desea. ¿No es acaso la vida más importante que todo eso? Usted no es un gusano para arrastrarse ante la adversidad. Ante los retos difíciles del dìa. Usted no tiene por què arrastrarse ante los que lo humillan solo porque le dan trabajo. Dentro de usted está el potencial de salir avante, de salir de ese ambiente de oscuridad y musgo que le han hecho creer que es donde le corresponde vivir.

Jóvenes: Ustedes no son gusanos para vivir en la oscuridad que la sociedad y el medio ambiente les quiere obligar a arrastrarse. Ustedes son personas con un potencial extraordinario para ser útiles a su Dios, a su iglesia y a su familia que los están esperando que de gusanos se conviertan en hermosos ejemplares de hombría, de vida vibrante y de emociones sanas y edificadoras.

Porque la vida es más importante que los vicios, las drogas, el rap, el sexo y todo lo demás…

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