Cambiemos la sobreprotección por límites.

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Entre las instrucciones que reciben todos los futuros conductores esta el conocer las luces del semáforo y el significado de cada una de ellas, lo que permitirá transitar en armonía y respeto para con los demás conductores y peatones.

En nuestra relación con nuestros hijos resulta beneficioso contar con un semáforo en casa que recuerde los límites establecidos, Para que al igual que en la calle aprendamos a respetar sus luces para vivir en armonía si de lograr una convivencia sana se trata.

Cuando Dios hubo creado todo, para la sana convivencia del hombre con la naturaleza estableció limites, porque el deseo en su corazón fue y es, vivir en intimidad con cada uno de nosotros, y el quebrantar esos limites rompe nuestra comunión con él, tal y como sucedió con la primera pareja en el Edén, , que a causa de irrespetar el límite establecido por Dios, él,  envió a su único hijo al mundo para que por medio de su sacrificio nos reconciliáramos con Dios padre ( Colosenses 1: 19-20)

 Al igual que el pecado nos aleja de Dios, una mala relación con nuestros hijos nos aleja de ellos. Por esta razón conviene tomar acuerdo, y establecer límites, que todos respetaremos, ya que es muy común ver hogares donde existen, pero los hijos son los únicos llamados a cumplirlos. Lo cual resulta contraproducente ya que todos necesitamos actuar con interés, responsabilidad y compromiso, dentro de nuestro hogar. Entre los límites que como padres a menudo incumplimos están: el no grites, pero gritamos, el no tomes o fumes, pero fumamos y tomamos, no digas palabrotas, pero las decimos, y el más peligroso de todos, en nuestro afán por logran una buena relación con nuestros adolescentes olvidamos que somos padres “no amigos” y que el día que nuestros hijos nos consideren sus amigos, ese día quedaran huérfanos, así lo afirma el psicólogo Bernardo Stamateas.

Ciertamente convertirnos en padres y triunfar en ese rol, no es tarea sencilla de realizar, pero tampoco imposible, si tomamos en cuenta que todas las instrucciones para el éxito están estampadas en la palabra escrita de Dios, y si al igual que él, establecemos límites y consecuencias para su incumplimiento. Sin duda alguna triunfaremos.

 Si alguien está viviendo una pesadilla a causa del mal comportamiento de su hijo adolescente, lo más probable es que la ausencia de límites en esta etapa está pasando factura. Si eso es así, es hora de recordar que nunca es tarde para empezar, asuma su error en el descuido del establecimiento de límites, hable con su hijo y hágale saber que como siguen bajo su techo y cuidado, deberá cumplir con lo establecido en común acuerdo. Tómese el tiempo para hablarle de los beneficios que tendrá si el o ella comprende que es para su bien y en pro de una buena convivencia. No lo piense más y comience ¡ahora! Recordemos que cuando nuestros hijos tienen claro que pueden hacer y que no, crecen libres y seguros de si mismos. La sobreprotección en esos casos es superflua.

Cambiemos la sobreprotección por límites, recordando que en la niñez el límite ayuda a su conducta individual, en la adolescencia el límite tiene que ver con el comportamiento social, y en nuestra adultez veremos los frutos de esto, que será la base de nuevos límites a cumplir.

¡Feliz semana!

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