Pasas y manzanas

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Cantares 2:5 “Sustentadme con tortas de pasas, reanimadme con manzanas, porque estoy enferma de amor.”

 Yo no celebro el dìa del amor. Primero porque es una fiesta pagana.  Segundo, porque todos los días son para el amor. Y este escrito me lo ha inspirado el Señor para aquellos hombres que no saben amar a sus esposas. Al no conocer los misterios que viven las mujeres en sus diferentes estadios biológicos, abusan, violan e invaden su privacidad al colmo que empiezan a acumular ira y enojo contra ellos mismos. Se vuelven odiosos.

 Y algo más cruel: las obligan a vivir una vida amargada. Se enferman. Sus almas sufren al ver llegar a casa a un hombre que no entiende que ella no está en condiciones ya de cumplir lo que antes fue de su agrado.  Eclesiastés lo dice: Para todo hay un tiempo.

 Y el tiempo pasa y también sus ciclos. Sin embargo, repito, el machismo que se ha enquistado en los hombres ha provocado que ellos se crean con el derecho de tener a “su mujer” a su completo servicio. Es decir, reclaman un derecho para satisfacer lo que usted ya sabe de que estamos hablando, mientras que su esposa no tiene ni la motivación mucho menos el deseo de hacerlo. No importa si es cristiana o nò. El sexo no tiene religión. De esa cuenta, tenemos en las sillas de las iglesias mujeres sirviendo con mucho amor al Señor, pero amargadas al momento de servir a sus esposos.

 Lo peor de todo, es que cuando uno de estos machistas busca consejo con su pastor, algunas o quizá la mayoría de las veces se encontrará con un consejero que está viviendo la misma situación y que la ha resuelto con un pequeño paso: adulterio. Entonces, el consejo es: “bùsquese otra”. Lo que no le dice es que esa “otra” también llegara a su tiempo a aborrecerlo porque ya no le podrá dar lo que busca. Y la espiral seguirá descendiendo hasta que el hombre que vemos predicando, cantando coros, sirviendo en el diaconado y haciendo toda la parafernalia evangélica se convierte en un depredador sexual. Pero con Biblia bajo el brazo.

 Y llegó la tragedia al matrimonio. Adulterio puro y vulgar. Divorcio. O separaciòn. Y luego, lo colateral: hijos abandonados. Esposas amargadas. Ministerios destruidos. Congregación decepcionada. Y el diablo y sus secuaces aplaudiendo porque el Nombre del Señor ha sido pisoteado por sus servidores. Todo un caos. Volvemos a Gènesis: “y la tierra estaba desordenada y vacía…”

 ¿En dónde está el principio de todo esto? La mujer de Cantares nos da una cátedra para saber que es lo que realmente necesita la mujer llegado el momento en que ya no puede cumplir con su deber conyugal: Sustentadme con tortas de pasas. ¿Què son las pasas? Todos lo sabemos: son uvas que se han secado. Permìtame parafrasearlo de esta manera:

 “Amor, ya no estoy en condiciones de darte lo que te daba antes. Hubo un tiempo en que disfrutamos a plenitud las uvas. Te di el mejor zumo de mis uvas y disfrutè de esos momentos, no lo niego, pero ahora es tiempo de que me sustentes con pasas. Con el recuerdo de aquellos momentos dulces y jugosos de nuestra juventud. Han pasado los años y ahora es tiempo de que tú me des a mí. Yo ya te dì mi mejor jugo, ahora dame tú las pasas. Dame tu ternura. Endulza mi alma con aquellos besos y caricias que ya no buscan el jugo sino la dulzura del momento. Sustèntame y hazme saber que me sigues amando aunque mi cuerpo ya no sea jugoso a tus ojos. Sustèntame y hazme sentir la emoción de verte llegar cada noche a mi lado no para lo de antes, sino para abrazarme, mimarme y hacerme sentir viva…”

 “Reanìmame con manzanas”. Sabemos que la manzana es una fruta que tiene su tiempo exacto para deleitarnos con ella. Si está verde no tiene el sabor adecuado. Si está pasada de madura pierde su esencia. Entonces la mujer está pidiendo: “reanìmame con el sabor tierno de tu voz, con el canto del sonido de tu aliento, hazme vibrar de emoción al sentir tu respiración a mi lado. Deleita mi alma que anhela sentir el calor de tu cuerpo cobijando el mío. No lo aplastes porque me lastimarás. Trátame como una manzana dulce y jugosa que es frágil y delicada”. ¿Sabes por què? Porque estoy enferma de amor. Ahora lo que necesito es otro nivel de amor. Ya no hay fuego que quema, ahora hay llama que entibia nuestro lecho”.

 Hombre de Dios: ¿Sabìa usted esto? ¿Sabìa que con esta lección ya no hay excusa para que “se busque otra”? No, mi querido amigo o hermano. No podemos seguir jugando al hombre “Marlboro”. Eso fue una quimera. Como dijo Pablo: Es tiempo de comportarnos varonilmente.

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