MICAL

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1 Sam. 19:13 “Y tomó Mical el ídolo doméstico y lo puso en la cama, puso a su cabecera una almohada de pelo de cabra y lo cubrió con ropa”

Matrimonio por conveniencia. Matrimonio por compromiso. Matrimonio por ocultar un pecado. Matrimonio por conseguir una carrera. Matrimonio por apariencia. Matrimonio por miedo a la soledad. Matrimonio por un ministerio.

Hay muchas clases de matrimonios. Y muchas razones para entrar en ese estado tan sagrado que a la fecha se ha corrompido enormemente. Y los resultados están a la vista: Ministros de Dios divorciándose al poco tiempo. Ya tienen “su” iglesia. El profesional que ya ha logrado subir a la cima abandona a la mujer que lo ayudó a hacer su tesis de graduación. El hombre que para salir de su casa busca una esposa y luego la deja tirada como trapo usado. La mujer que no quiere quedarse “para vestir santos” y luego se amarga por la mala decisión que tomó.

Así está el matrimonio hoy en día. Y la Iglesia sufre las consecuencias. Ya nadie quiere casarse. Todos le temen al matrimonio. Los ejemplos son claros. Los jóvenes que han crecido en matrimonios fallidos no quieren repetir el mal ejemplo de sus padres. Todo porque fueron víctimas de un matrimonio por conveniencia. Por dinero o por carrera o por título. Y qué decir de los que cayeron en pecado sexual y ella quedo embarazada y tuvo que casarse para ocultar su desliz. El hijo pagó las consecuencias. Se quedó sin apellido o sin padre que es lo más doloroso.

¿De qué estoy hablando? De la realidad de hoy en día. Hace unos días fui a predicar a una congregación en donde las mujeres se sientan en un lado y en el otro los hombres. Al inicio del mensaje, la pastora, después de unos minutos de prédica, se levantó de su silla y no volvió al templo. Me envió un claro mensaje: “no me gusta su prédica”.  Aparte de que fue una falta de respeto hacia su esposo el pastor, también fue una clara falta de respeto a la Palabra de Dios. No digo que soy la quinta esencia de los predicadores, pero la educación y la ética deben demostrarse. Especialmente en la Iglesia de Cristo. Pero vi claramente quién lleva allí la batuta. Mical disfrazando a su esposo de ídolo doméstico. Mical vistiendo a su esposo el pastor de algo decorativo. Y el pobre hombre tuvo que quedarse solo con la bolsa de pañales a un lado. Ella se veía mucho más joven que él. Él ya entrado en años. Con eso digo suficiente.

¿Qué habrá en ese matrimonio? ¿Respeto? ¿Imagen? ¿Amor? ¿Pasión? ¿Admiración? ¿Conveniencia? ¿Ya logré tener mi bebé, puedes quedarte con tu congregación? Eso es el pan de cada día. Lo que para muchos predicadores pudo pasar desapercibido no lo fue para mí que observo atentamente la conducta de los oyentes. No para criticar sino para aprender. El tema era para la familia. Estaban celebrando la “semana de la familia” pero vi muy bien cómo está la familia pastoral. Es una lástima  que en la Casa de Dios haya esos paradigmas.

¿Cómo vio Mical a David? Lo vio como un muñeco disfrazado de esposo y en su cabeza pelo de cabra. Es cierto, ella trató de ayudarlo. Pero cuando vemos el génesis de ese matrimonio nos damos cuenta que no fue por enamoramiento. Fue un compromiso de Saul para David al haber llenado los requisitos que él pidió. Un matrimonio arreglado.  Fue un premio. Poco después escuchamos a la misma Mical burlándose de su esposo cuando danza delante del Dios que lo había bendecido con el reinado de Israel. Mical es un claro ejemplo de lo que a veces sucede en muchos matrimonios cristianos. Disfrazan al esposo de algo que no es real excepto en su mente. Y dolorosamente también sucede de los hombres hacia las mujeres. ¿Cuál es la queja de muchos hombres para justificar su adulterio? Disfrazan a sus esposas de algo que solo en sus corazones existe. “Esta mujer está loca”. “Esta mujer es muy enfermiza”. “Yo no sé qué te vi cuando te pedí que te casaras conmigo”. Insultos, ultrajes, palabras hirientes y ofensas de todo tipo.

Tanto hombres como mujeres disfrazan a sus cónyuges de horribles e inservibles solo para justificar sus rechazos.  Esos que están ocultos en las cuevas recónditas de sus almas. Mical sigue viviendo en las casas de muchos evangélicos. El espíritu de Mical todavía está vivo en muchos hombres que hablan mal de la madre de sus hijos. De la mujer que les ha ayudado a sobrevivir cuando su sueldo no alcanza. Cuando ellas tienen que salir al rescate del hogar, de los hijos y del mismo hombre que las ultraja. Mical sigue viva en los hogares en donde la mujer disfraza a su esposo ante sus hijos diciéndoles que es un monstruo. Es el hombre que maldice a la madre frente a sus hijos para parecer víctima de ella.

Mical. ¿Cómo vemos a nuestro cónyuge, amables lectores?

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