Es usted, si, usted

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Jonás 1:1 “Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí”

El sótano está fresco. La temperatura agradable. Aunque el barco se bambolea de un lado a otro, el siervo de Dios está dispuesto a dejar que todos breguen con su tormenta mientras él disfruta de una dulce calma. Es un profeta de Dios, pero racista. Resentido. Alberga en su corazón sentimientos de rechazo hacia los demás. Todo lo que sea pagano no es de su agrado. Ni los ídolos ni la gente ni los perros.

Y, como todo en su vida transcurre sin problemas, Jonás cree, como muchos de nosotros, que Dios está contento. C<aso error por supuesto.  Estamos pecando, nos hundimos en los vicios, chismes, intrigas y otras cosas, pero como no sucede nada doloroso, nos engañamos creyendo que estamos agradando al Señor. Eso nos sucede a muchos pastores: adulteramos descaradamente y creemos que Dios está de acuerdo con nosotros porque no nos pasa nada. Nadie se da cuenta. La mujer no queda embarazada, en el motel nadie nos reconoce. Abunda el dinero para seguir pecando. Eso cree Jonás.  Jonás no ha hecho lo que Dios le ha mandado hacer, que es llevar un mensaje a Nínive. Al contrario, compró un boleto en el próximo barco que salía para Tarsis. Mientras más lejos de Nínive mejor.

El problema para Jonás empezó desde mucho tiempo antes. Desde antes de nacer. Porque Dios había decidido que naciera un hombre en una de las tribus de Israel al que iba a nombrar profeta. Y el profeta solo tiene una misión: declarar un mensaje de parte del que lo envía. No importa si no le gusta la gente o la ciudad. No importa si son o no de su agrado. Sin micrófono. Sin cámaras de TV. Sin redes sociales. Sin púlpito. Sin aplausos ni guardaespaldas protegiendo su seguridad. Así había sido decidido por Dios y así tenía que cumplirse.

Pero Jonás no lo entiende. Quiere seguir viviendo de acuerdo a sus parámetros. Quiere seguir siendo el mismo de siempre. Profeta, sí, pero a su sabor y antojo. Lo mismo sucede hoy. Habemos pastores que queremos seguir viviendo nuestros propios estilos de vida. Queremos ser como los del Jet Set de Hollywood. Nos blanqueamos los dientes, aunque tengamos negro el corazón. Nos ponemos trajes de marca, aunque por dentro estemos leprosos por la lujuria. Nos compramos buenos carros, aunque tengamos hongos en los pies. Nos pintamos sonrisas dominicales, aunque dentro de nuestras paredes hay botellas de ron escondidas.

Jonás ignora lo que todos ignoramos. Hemos sido creados para cumplir un propósito y no el nuestro precisamente, sino el de Dios. Porque es Él quien manda. A nosotros nos toca obedecer. Aunque nos escondamos en el sótano de nuestros púlpitos. Aunque nos escondamos en el sótano de nuestros títulos o de nuestros deleites pecaminosos, allí nos encontrara el Señor. No importa en qué lugar del océano de la vida usted se esconda querido lector. Dios lo encontrará. Porque usted tiene una misión que cumplir. Llevar la Presencia y la Salvación del Señor a otros. Aunque les caigan mal. Aunque no sean de su denominación. Aunque parezcan perdidos para siempre, para ellos hay un mensaje que solo una persona puede y debe llevar: usted. Sí, usted.

Porque en el barco había un montón de marineros. Todos creyentes en algún dios. El capitán les ordena que les recen a sus dioses para que calmen la tormenta y eso no sucede. Porque solo hay un hombre en ese barco que conoce al verdadero Dios. Y ese hombre es Jonás. Lo que significa, que, en esa oficina, en ese taller, en ese colegio y en esa universidad solo hay una persona que conoce al verdadero Dios. Y esa persona es usted. Sí, usted.

El barco se bambolea y está a punto de naufragar. Se han quedado sin trigo. Sin esperanzas y sin descanso mientras el hombre de Dios esta cómodamente repantingado en su oficina pastoral, en su sala viendo su campeonato de futbol, acomodado a las cosas del mundo mientras las tormentas amenazan la vida de sus propias familias y amigos, ignorando que son los escogidos por Dios para llevar una palabra de consuelo, de alivio y sanidad a otros.

Dios estaba buscando entre todos los del barco a un hombre. Y lo sigue haciendo. Entre todos sus compañeros, entre todos sus familiares, entre todos sus amigos, Dios lo está buscando a usted. Sí, a usted… Porque solo a usted Dios ha escogido para enviarlo a hacer Su Voluntad. Así que no tome para Tarsis. Mejor vaya a donde le dice Dios, no sea que tenga que pasar por las babas, el hedor y la oscuridad de algún monstruo que Dios quiera usar para llevarlo a su destino.

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