Crezcamos como distribuidores de Dios.

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Todos los que ahora nos llamamos cristianos un día decidimos por voluntad propia cruzar la frontera de la fe, y por fe creemos que fuimos perdonados y apartados para Dios. (Hebreos 11:1)

Y aunque el precio de nuestras culpas fue cancelado con la sangre de Jesús, nuestra es la responsabilidad de ser los distribuidores de todo lo que de Dios hemos recibido. Jesús dijo: El que quiera llegar hacer grande debe de ser un servidor. Servir es ser un canal de las bendiciones que de Dios recibimos. En los planes de Dios al otorgarnos la vida está el deseo de que seamos un medio efectivo para recibir y compartir sus bendiciones, y no solo para atesorarlas para nuestro propio provecho, este es el principio que Jesús quiso enseñar cuando dijo “Mas bienaventurado es dar que recibir”. El que da siempre será más grande que el que recibe. Existen dos motivaciones para dar. “dar por lastima” que es igual a dar por culpa. O dar por “placer” considero que esta última es la motivación más beneficiosa para todos porque el hecho de dar por placer, nos libera del resentimiento de si nos agradecen o no, damos por el valor humano que da plenitud interior a quien lo hace. Pero debemos dar justamente lo que el otro necesita; consuelo, animo, dinero, consejo, guía, etc.  Haciendo eso lo distribuido logra especial valor para el que recibe. Porque si damos solo lo que nos gusta dar, ignoramos las necesidades del otro, o si damos más de lo que se necesita lo otorgado pierde valor y propósito. Será por eso que Dios nos pide que seamos explícitos con la necesidad que tenemos; “pedid todo lo que queráis” Con esto, Jesús enseña que para recibir algo hay que pedirlo. Esto es de urgencia recordarlo cuando de distribuir las bendiciones de Dios se trata. Porque ¿Cómo sabremos que dar si no hay quien pida? O como tendremos para dar si no pedimos. Dios está dispuesto todo el tiempo a darnos, asegurémonos de pedirle lo que estamos necesitando, para que cuando nuestra necesidad sea suplida nos gocemos y demos a otros.

  El principio para ser distribuidores de las bendiciones de Dios es tener. Porque ¿Quién puede dar de lo que no tiene?

Es urgente e importante que nos acerquemos a Dios y presentemos nuestra necesidad a él, cualquiera que esta sea. Y cuando nuestro gozo sea cumplido, compartamos con otros de lo recibido y crezcamos como distribuidores de las bendiciones de Dios. Recordando en todo tiempo que no hemos nacido para acumular tesoros en esta tierra, sino para ser canales de bendición en la misma.

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