Raquel y los ídolos

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Génesis 31:34 “Pero tomó Raquel los ídolos y los puso en una albarda de un camello, y se sentó sobre ellos;

No nos quejemos, padres, cuando nuestros hijos adoren lo que nosotros adoramos. Y escribo para padres e hijos que se dicen cristianos. Incluyendo líderes y hombres y mujeres de Biblia. Hombres y mujeres que predican y que en sus púlpitos exhiben una santa apariencia.

No es lo mismo decir que adoramos al Único y Verdadero Dios en público pero en privado adoramos otras cosas. Porque es fácil hablar de las cosas espirituales, hasta los demonios lo hacen, pero lo difícil es vivir en la intimidad lo que decimos en público.

Y nuestros hijos no se dejan engañar. Porque ellos aprenden de lo que ven en los hogares, no lo que solamente escuchan en la Iglesia. ¿Acaso no dijo Jesús: Nada hace el hijo sino lo que ve hacer al padre? Esa es una de las razones del por qué hay tantos problemas con hijos de pastores y líderes de las iglesias evangélicas. Porque no les convence creer en un Dios que no hace nada para frenar el mal carácter, mala conducta, lenguaje vulgar y abusos que comete un padre en su casa. Nuevamente sale a relucir la figura del padre.

¿Qué vería la hija de Labán cuando éste adoraba en la intimidad de su casa a sus ídolos? ¿Qué escucharía decir esta jovencita a su papá cuando prosperaba? ¿Le daría la Gloria al Dios de Israel o a sus ídolos a los que les ofrecía incienso y plegarias? Indudablemente Raquel creció viendo y escuchando a su papá entonar alabanzas, adoración y pleitesía a sus ídolos domésticos. Eso fue lo que aprendió desde niña.  Eso la inclinó a llevárselos con ella en el viaje que estaba a punto de hacer con su esposo. Aunque tuviera que engañarlo. Para ella eran importantes sus fetiches religiosos porque de ellos dependía que tuviera la vida que su padre había alcanzado. ¿Cómo explicarnos que estando casada con un hijo de Dios ella creyera en ídolos paganos? ¿Cómo explicarnos que hay esposas que estando en la Iglesia aún cree en los dioses que adoraban sus padres? Es que esas influencias son tan fuertes que se adueñan de nuestras almas y de nuestra fe.

Bien, hoy quizá alguien diga: Pastor, eso quedó atrás. Eso ya nadie lo cree. Es cierto. Pero aún quedan otros ídolos que están siendo adorados en los hogares de muchos evangélicos.

El celular, por ejemplo. Hay personas que no se separan de ese aparato en ningún momento del día. Sea en la casa, en el comedor, manejando su vehículo, caminando por la calle, ese “dios” los tiene totalmente atrapados. Hay momentos en que un niño quiere hablar con su papá o su mamá pero ese dios los tiene tan dominados que no les están prestando atención. Algo más ingrato: Para que se entretenga el niño y no los moleste, les compran sus tabletas o sus teléfonos celulares para que ellos también tengan su propio ídolo. Haga una prueba: quítele un desayuno a su niño y no hará berrinche. Pero trate de quitarle su celular o su tableta y verá lo que sucede.

La televisión es otro ídolo doméstico que se ha adueñado de muchos hogares. Niños que ven televisión más horas de las permitidas por los estudiosos de la conducta infantil. Solo porque sus padres, para que no les molesten, se la encienden todo el día, sin ponerse a pensar que esos niños necesitan jugar, moverse, inventar juegos, interactuar con otros niños. Hoy estamos creando una generación de zombies dependientes de sus ídolos electrónicos.

No es raro entonces, que cuando salen de casa, puedan dejar las llaves o incluso sus papeles de identificación, pero no sus ídolos. Y eso mismo estamos viendo en la generación de nuevos matrimonios. Hoy ya no se platica viéndose a los ojos. Se habla viendo las pantallas de sus aparatos electrónicos. Hoy ya no nos tomamos de las manos para orar. Hoy las manos están ocupadas con los celulares mientras damos gracias por el pan de cada día.  ¿Quién garantiza que en las iglesias cuando el pastor pide que abran sus Biblias y lo hacen en sus iPhone o tabletas no están viendo sus redes? Porque aun la Iglesia se ha modernizado tanto que las Biblias de papel son historia. Pertenecen a lo Jurásico.  Como dice la triste historia del niño que le preguntó a su papá: Papi, ¿cuánto cuesta una hora de tu trabajo? y después de un tiempo, el niño logró ahorrar el dinero suficiente para decirle a su papi: Quiero comprarte una hora de tu tiempo.

Hipotéticamente hablando, le invito a desayunar o almorzar en cualquier restaurante y verá a cuatro o cinco personas en la misma mesa, cada uno adorando a su propio ídolo doméstico. No hay interacción. No hay miradas cariñosas. No hay sonrisas compartidas. No hay tomarse de la mano con ternura. Están muy ocupados viendo su Facebook o su Twitter. ¡Increíble! ¿No les parece?

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