Los tiempos de Saúl

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1 Samuel 8:9 “Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos.”

Hoy los jóvenes quieren vivir sus vidas al máximo. El mismo sistema les invita a vivirla de esa manera. Que vivan la vida loca. Que no se preocupen por nada más que darle gusto al hedonismo que es el sello de esta generación. Son los transmillenians. ¿Su lema? Déjenme vivir mi vida pastor, ustedes ya vivieron la suya.

Muchachas que a altas horas de la noche cada viernes se reúnen en sus clubes nocturnos a tomarse sus tragos exponiéndose a los peligros de los depredadores que abundan en esos lugares disfrutando de sus tarjetas de crédito que sus mismos padres les cancelan cada mes. ¿Su mantra preferido? Es mi cuerpo y qué. Puedo hacer lo que quiera con él. Así de simple.

Varones que deambulan de lugar en lugar dándose la gran vida sin pensar en lo que mañana traerá el futuro y que muchos de ellos quizá no tengan el privilegio de verlo venir. La Biblia dice que el malo no verá venir la bendición que Dios tiene para todos.

Y es que todos quieren tener sus propias reglas. Ya no hay sentido de familia. Ya no hay sentido de alta moral. Es triste pero cierto: los jóvenes han tomado el control de los hogares. Ahora se hace lo que ellos dicen. Se vive a su manera. Son ellos los que ponen las reglas en los hogares. Si no me voy de la casa, es su amenaza preferida. Y es cierto, siempre habrá más de algún amigo o amiga que les reciba en sus casas para que sigan viviendo su desenfreno.

Son los tiempos de Saúl. Y en esto también entran los jóvenes evangélicos. Aunque quizá no hagan lo mismo, pero las influencias son peligrosas.

Cuando Samuel ve que lo han desechado como su líder y el pueblo quiere un rey como el que tienen el resto de las gentes de su entorno, Dios le dice que les haga caso. Que no llore porque no han desechado a Samuel sino al mismo Dios. Y le indica una cosa que da escalofríos. Por lo menos a mí. Le dice que les advierta de los peligros que entrañará tener un rey como el que tiene el resto del mundo.

Y empezó su advertencia: “Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey. Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro;

y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.  Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras.  Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos.  Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos.  Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras.  Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos. Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, más Jehová no os responderá en aquel día” Y el pueblo dijo: ¡¡No importa!! Queremos un rey.

Hoy es lo mismo: Nuestros jóvenes quieren su propio rey. No quieren al Rey Jesús. Quieren al rey Saúl. Quieren sus modas, sus cortes de cabello, sus ropas, sus cambios de sexo, sus abortos, sus vicios nocturnos, sus Facebook, sus redes sociales, sus selfies semi desnudas, su lenguaje callejero y vulgar, sus coqueteos con el pecado. Quieren sus novios y novias para ensuciar su mente y su corazón. Quieren sus carnalidades. Su música heavy metal. Sus cancioncitas románticas. Sus tatuajes y muchas cosas más, sin darse cuenta que se están entregando a un rey implacable. Que después les pasara la factura con enfermedades y debilidad de carácter. Que cuando quieran ser alguien en la sociedad ya no podrán porque dejaron pasar el tiempo y en lugar de estudiar y honrar a sus padres, honraron sus propios deseos. El rey que han escogido los esclavizará y hará con ellos lo que el Rey Jesús quiso evitarles.

Creo que la advertencia de Samuel sigue vigente el día de hoy. Jóvenes que  leen este artículo: quizá haya tiempo para arrepentirse y volver a las sendas antiguas. A la santidad. A la consagración al Señor. A la búsqueda de Su Voluntad. Ir al encuentro de su verdadera identidad en Cristo. Ustedes no son clones de nadie. Son Imagen y Semejanza de Dios. No quieran el rey Saúl que tienen los jóvenes del mundo. Ustedes ya tienen al Rey del Universo.

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