Ayudemos a nuestros adolescentes a minimizar los factores que aumentan el riesgo de suicidios.

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Para algunos padres puede resultar poco importante recordar como fue la etapa de su adolescencia, a la hora de mostrar empatía y no pasar por alto esa área gris entre la niñez y la edad adulta de su hijo o hija conocida como adolescencia; Tiempo en la vida de todos  en el cual estamos mas expuestos y vulnerables a situaciones que determinaran la ruta a seguir, entre la gama de posibilidades para triunfar o el estrés que puede producir la presión social por un excelente desempeño académico y demostraciones claras de responsabilidad. Es justo en esta etapa donde necesitamos el acompañamiento de padres responsables que asuman el reto de “mentores” para poder instruir a estos adolescentes por caminos de luz y asentar sus pasos con determinación, dominio, e identidad propia. Tal y como lo recomienda el Proverbio 22:6. Lamentablemente muchos son los padres que ignoran las señales de ¡Auxilio! Que están manifestando sus hijos, probablemente de una forma equivocada, pero todo comportamiento bueno o malo, lleva un mensaje que deberíamos ocuparnos en entender. Conocer acerca de los factores que pueden llevar a un adolescente a cometer suicidio, podría ayudarnos a prevenir este tipo de tragedias, más que el simple pensamiento de “eso no me puede pasar a mí” según un estudio realizado por KidsHealth, en acuerdo con Centers for Disease Control and prevention (CDC). Dice que el suicidio es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 24 años. Esto definitivamente tienen que ver con influencia negativa en un entorno carente de un adulto significativo vigilante, y de identidades firmes con un propósito de vida.

Los psiquiatras, aseguran que los jóvenes con problemas de salud mental como: Ansiedad, depresión, trastorno bipolar, insomnio, corren mayor riesgo de pensar en un suicidio. Esto sumado al uso de Drogas, antecedentes de depresión o suicidio en la familia, abuso emocional físico o sexual, sentimientos de aislamiento social, mala relación con sus padres etc. Todo lo anterior parte de un mal abordaje al problema existente o de la mínima relación con Dios y con su creación, para evitar caer en zona de riesgo. La palabra de Dios afirma que el niño instruido por buen camino no se apartará de él. Y en sus páginas encontramos un ejemplo de esto en el joven Judio llamado Daniel, que fue llevado a Babilonia, para ser instruido en la escritura e idioma de ellos, y aunque él no pudo resistirse a su deportación, mantuvo firme su creencia y lealtad a Dios proponiendo en su corazón no contaminarse con la comida del rey por no ser parte de la dieta nutricional del pueblo de Dios, además de negarse a mostrar reverencia por los dioses de Babilonia aun conociendo que podía ser condenado a cualquiera de los tipos de muerte ejercidos por los babilonios. La confianza en su Dios y en él propósito con su vida, le bastaron para mantenerse firme en sus convicciones.  Eso es lo que demanda nuestros jóvenes de los adultos, una guía con principios y valores cristianos, para poder entender el amor con el que Dios les ama y que ellos deben amarse de la misma forma, aceptando su condición física y social, trabajando a diario en la superación de sus debilidades comprendiendo que como humanos no podemos ser perfectos. Padres acerquémonos a nuestros hijos con oídos dispuestos a escuchar y brazos abiertos, recordando que somos los designados por Dios para cuidarles, guiarles y amarles.

Sirva lo anterior como un aporte en este día 10 de septiembre, en el que se conmemora el día mundial para la prevención del suicidio por la OMS.

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