Brujos en la iglesia

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El hermano se llama simón, aparentemente un ex brujo que acepto a Cristo cuando Felipe llego a su ciudad y le arrebato toda la feligresía que tenía bajo el control de su magia y hechicerías.  Luego de creer en Cristo se bautizó y siguió a Felipe y andaba con él, eso significa que se discípulo en los oficios ministeriales.

De repente unos hombres llegaron a la ciudad, predicando también la palabra de Dios, pero con marcas y evidencias diferentes.  Estos hombres no solo predicaban, sino que demostraban el poder de Dios y mediante la imposición de sus manos, muchos recibían el poder y la llenura del Espíritu Santo. Todos en la ciudad se quedaron admirados de la manera en que ellos ministraban el poder de Dios y Simón comenzó a averiguar quiénes eran ellos.  Alguien le dijo “dicen que son Apóstoles”.  Así que Simón asistió a un culto donde anunciaron que esos Apóstoles iban a llegar, y este al ver semejante poder, respaldo y unción, se acercó a uno de ellos la cual fue a pedro, y le ofreció dinero a cambio de esa capacidad sobrenatural de su unción.  El apóstol fue muy claro con él, al rechazar su sucia oferta, reprendiéndole duramente por semejante blasfemia. 

Simón había entrado en la iglesia, pero la iglesia no había entrado en él.  Ya había aceptado a cristo, se había bautizado y hasta se había discipulado, pero aún seguía siendo brujo. Hechos 8:9-24

De la misma manera hay brujos en la iglesia que quieren tener la unción, el ministerio o el manto que tiene otro, pero sin pagar el precio. Piensan que con el dinero pueden hacer un ministerio aprobado por Dios.  Y muchos logran hacer templos bonitos, pero sin unción ni manifestación del Espíritu Santo.

Esos brujos le han puesto precio y han puesto a la venta nombres ministeriales, mantos, coberturas, dones etc.  Son traficantes del evangelio que disfrazan su verdadero estado espiritual con modas ministeriales que han visto de otros.

No se trata si solo tu estas en lo correcto o si perteneces a la mejor iglesia y los demás no, Si no que se trata de los frutos, ya que por los frutos nos conoceremos dijo nuestro gran maestro.

Puede ser que hallan formas, estilos y maneras que diferencien una iglesia de la otra, pero eso no significa que los demás no sean parte de la iglesia de Cristo.

La marca más evidente de la brujería es la amargura (v.23) cuidémonos de nos amargarnos por el ministerio de otros. Mejor hagamos nuestra parte y cumplamos con la asignación y el llamado particular que por la voluntad de Dios hemos recibido.

La amargura de los cristianos es la prisión de maldad en la que el brujo Simón estaba.  No importa si ya aceptaste, te bautizaste y hasta te discipulaste, sino tienes sanidad interior eres compañero de brujería de Simón.

De este personaje viene el ídolo satánico que usan los hechiceros a la cual llaman: san simón.

Ahora bien, no hay fórmulas, trucos, conjuros, pociones, ni encantamientos para hacer la obra de Dios, el secreto está en el lugar secreto la cual es la oración.

Pero ¿Cómo identificar un brujo en la iglesia? La brujería de los tales se evidenciará tarde o temprano con los interminables comentarios tóxicos sobre otros ministerio o iglesias solo porque no son como ellos. 

No te conviertas en uno, no aprendas de sus escuelas llenas de ira, divisiones, contiendas, amarguras etc.  Los brujos no producen frutos, solamente tiran piedras.

Otra marca distintiva de los brujos de la iglesia, es que son diestros en ocultar la verdad y exigir las mentiras.  Su casa es un centro ocultista donde esconden la luz de lo que Dios hace en otros. Hablan de los defectos de todos incluyendo los de los pastores, pero ellos nunca ven la oscuridad de su corazón en el espejo de la palabra.

Los brujos de la iglesia siempre llevan la contraria, son anti-vision, cuestionan los proyectos y detestan los cambios y las prácticas nuevas de la iglesia.  No congregan seguido pero cuando lo hacen causan malestar en los demás y provocan incomodidad con sus comentarios, gestos y malas miradas.

Embrujan a otros para que NO sirvan o avancen en la viña del señor, tal y como dice en Gálatas 3:1 “¿Quién os fascinó?”   En el griego eso se traduce como ¿Quién os embrujo o hechizo para que no practiquen la verdad?

Así que la brujería es contagiosa y corrosiva.

La máxima expresión del pecado de brujería es la rebelión a la autoridad.  Ese no es un concepto mío, es la opinión oficial de Dios en la biblia en cuanto al pecado de adivinación la cual es la misma raíz de la hechicería. 1 Sam 15: 23 dice: “Porque la rebelión es como pecado de adivinación, y la desobediencia como iniquidad e idolatría”

Por lo tanto, toda sublevación, desobediencia y rebelión a la autoridad es la práctica misma de la brujería.  Así que hay brujos en la casa que no obedecen ni honran a sus padres, brujos laborales que no se sujetan a sus jefes, brujos sociales que no respetan las autoridades gubernamentales y brujos en la iglesia que no estén sujetos a sus pastores.

En fin, la palabra de Dios dice que “…los hechizaron…estarán fuera” refiriéndose al reino de eterno de Dios Ap 22:15. 

Deja las amarguras y las ambiciones de poder como las que tenía Simón el brujo.   abandona las críticas que causan divisiones y manchan la imagen de Dios en la iglesia, y no te revéleles a tus autoridades para que no estés en prisiones de maldad.  Tampoco te dejes fascinar o hechizar por los comentarios de otros, la cual solo harán que estés bajo los efectos de pecados ajenos.

Todos debemos de hacer morir al Simón que llevamos dentro, la cual es la naturaleza carnal no trasformada y adquirir un nuevo nombre en Dios para gozar de una nueva vida.  Tal y como le sucedió a ese apóstol antiguo, al cual Jesucristo le dijo “Simón (Cefas) hijo de Jonás, ya no te llamaras así… sino que te llamaras Pedro”

Así que Se parte del grupo de los intercesores, escuderos y defensores de la iglesia y reprendamos juntos a los brujos en la iglesia.

Así que renuncia al Simón que antes tenía Pedro como nombre fue trasformado por Jesucristo al recibir una nueva identidad, y le puso por nombre Pedro.  Pero al otro Simón nadie le cambio el nombre como símbolo de falta de trasformación. 

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