Entrégale a Dios el dolor en tu corazón.

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Jesús dijo “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” ciertamente esta invitación es ¡maravillosa! rebosante de esperanza, capaz de calmar cualquier angustia o dolor, que definitivamente solo puede venir del único Dios verdadero, ya que solo él tiene el poder de darnos paz, pero no la temporal que ofrece una droga, el alcohol, amigos, o una noche de fiesta; sino la paz que sobrepasa todo entendimiento humano. Este tipo de paz es lo que en realidad necesitamos cuando tenemos espinado el corazón a causa del daño recibido por medio del maltrato físico, psicológico, la falta de honestidad dentro de la relación conyugal o del fracaso de ésta, entre otros. En estos casos es cuando necesitamos rodear ese dolor con pensamientos positivos, para aprender lo que necesitamos y lograr superarlo renunciando a autorreproches, criticas, masoquismo, narcisismo, y sed de venganza. Esto solo se puede lograr si aceptamos el ofrecimiento de Jesús de ceder nuestras cargas a él, a la vez que cimentamos nuestra relación con aquel que nos creo para amarnos y que conoce de nosotros, hasta nuestro suspiro más oculto.

El peor tratamiento que podemos darle al dolor es evitar su recuerdo en nosotros, me dijo un profesional del tema. Cuando nuestra mente archiva un recuerdo doloroso este, gana poder para dañarnos internamente actuando como bomba de veneno con una función similar a la de nuestro corazón que bombea la sangre que nos proporciona el oxígeno, el dolor que guardamos nos roba parte de ese oxígeno. Por esto debemos hablar con nosotros mismos o con una persona de confianza acerca de ese dolor que estamos experimentando, porque entre más rápido lo tratemos nos libraremos de él; el salmista dijo: “mientras callé envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día”. Existen varias formas de mostrar el dolor como quejarnos, usarlo para manipular o para dañar a otros. Pero tratamiento para arrancarlo y echarlo fuera de nosotros solo hay uno, “enfrentarlo” con la misma actitud de esperanza que se debe de enfrentar cualquier tipo de cáncer que amenaza con robarnos la vida. Esa esperanza debe de alimentarse con los recuerdos buenos que el aprendizaje de lo ocurrido dejara. Porque cada situación adversa, siempre trae con ella experiencia de vida que servirá para alcanzar un nuevo nivel de felicidad y arraigo a la oportunidad de vida que Dios nos permite para que la vivamos plena y libremente. Anclados en lo que verdaderamente nos hace libres, llevar el yugo de Dios sobre nosotros, aprendiendo de él que es manso y humilde de corazón; para hallar el descanso de nuestra alma. Vivir una relación cotidiana con nuestro creador es lo único que nos proporciona paz en medio del dolor y lo que permitirá tener pies de ciervas para caminar sobre nuestras alturas.

Si los recuerdos tristes vuelan en tu mente activando el dolor, es señal de que te faltan cosas por aprender de ese episodio en tu vida. Por el poder que me da la experiencia en cuanto el trato del dolor puedo asegurarte: tú sabrás que la espina en tu corazón salió, cuando te acuerdes del daño recibido, pero este, ya no te duela. Cuando ese momento llegue, porque llegará, no te olvides de declarar a viva voz  

¡grandes cosas, ha hecho el Señor!

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