¿Esta usted solo?

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1 Crónicas 19:12 “Y dijo: Si los sirios fueren más fuertes que yo, tú me ayudarás; y si los amonitas fueren más fuertes que tú, yo te ayudaré”

Desde hace unos 40 años que empecé a salir a predicar allá en mi tierra Guatemala, mis mentores me enseñaron algo que nunca he dejado de practicar: “Hermano Carlos, cuando vaya a predicar, nunca vaya solo. Siempre lleve a alguien que lo cuide”.

No de los ladrones. Tampoco de los accidentes viales. Que me cuiden de los pecados que se pueden llegar a cometer cuando un pastor anda solo. Del adulterio. De las borracheras. De la pornografía, chismes, críticas, miradas obscenas hacia las hermanas, lenguaje soez, chistes vulgares y muchas cosas más.

Dicen que las gacelas africanas forman instintivamente «círculos de alerta» mientras descansan en la sabana. Se agrupan, con cada animal mirando hacia afuera y en una dirección levemente distinta. Esto les permite escanear el horizonte los 360 grados y avisar sobre posibles peligros u oportunidades.

En lugar de pensar solo en sí mismos, los miembros del grupo se cuidan unos a otros. Aquí hay sabiduría para los seguidores de Cristo. La Biblia nos exhorta: «considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras” El escritor de Hebreos explica que nunca se planteó que los creyentes anduvieran solos. Juntos somos más fuertes. Podemos alentarnos unos a otros y ayudarnos a estar alertas ante los esfuerzos de nuestro enemigo, el diablo, quien «anda alrededor buscando a quién devorar».

¿Qué ha sucedido con los líderes de hoy que no obedecen a estas instrucciones que nos da la Palabra de Dios? Creo que la respuesta es sencilla: No quieren ser fiscalizados. No quieren que otros se den cuenta de sus liviandades y carnalidades. Controlar nuestros instintos y dominar nuestros deseos es una tarea que llevamos a cabo todos los días. No todo lo que queremos es bueno para nosotros o para la gente que nos rodea; en muchas ocasiones debemos restringir nuestro poder de actuar a fin de tener un equilibrio positivo que nos ayude a ser seres humanos de bien, íntegros y dichosos.

En esto radica el problema que tenemos hoy en dìa de tanto fracaso ministerial, de tanto hogar desintegrado dentro de la Iglesia. Pastores que no quieren rendirle cuentas a otro pastor. Líderes que con haber cursado un pensum de materias bíblicas ya creen que su carne está sujeta a la Palabra y Voluntad de Dios.  Pero sabemos que no es así. Siempre tendremos ese problema dentro de nosotros. Ya lo dijo Pablo: ¡Miserable hombre de mí!.

Estar solo es peligroso. Nos volvemos vulnerables a las tentaciones y caídas como cualquier otro hombre ya sea ejecutivo de alto perfil como el trabajador más humilde. Joab lo sabía. Solo no podía vencer a sus enemigos y le pide ayuda a su hermano Abisai para que juntos se cuiden mutuamente.

Y, ¿qué de nosotros los pastores? ¿Qué de nosotros los que enseñamos a las ovejas del Señor? Este ha sido el fracaso de la Iglesia de hoy en día. Escándalos por todos lados. Fragmentación en las familias pastorales. Intrigas dentro del Cuerpo de Cristo. Todo porque insistimos en andar solos.

Cuando salgo a entregar el mensaje del Señor a otras congregaciones siempre llevo conmigo lo que se ha dado a llamar “un escudero”. Pero no es alguien que me cargue la biblia ni el maletín ni que sea mi sirviente. No. Es alguien a quien estoy discipulado al mismo tiempo que le muestro realmente quién y cómo soy fuera del foco de la congregación.  Es decir, al andar con otro varón me obligo a mí mismo a cuidar mis ojos, mis acciones y mi conducta delante de los demás, especialmente de las hermanas para poder darle el ejemplo de como un pastor debe conducirse ante los demás y poder tener la autoridad suficiente de llamarlo al orden el día que uno de ellos cometa una falta que denigre el Nombre del Señor.

Solo así, podré hacerle una pregunta si llegara a fallar. Esta es: “¿Te he enseñado yo esto?” Los hombres de mi congregación saben que si yo les rindo cuentas a ellos, ellos también están obligados a hacerlo ante su pastor. Esto, sin olvidar que sobre mí tengo a un pastor a quien ministerialmente le rindo cuentas. Joab necesitó a Abisai y viceversa. ¿A quién tiene usted para que le ayude a vencer a sus enemigos, querido hermano?

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