Se te pudrió el Contrato

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Dios anota todas y cada una de las promesas que le hacemos. No pasa por alto ninguno de los compromisos que adquirimos con él. Regularmente después de hacer promesas, al ver los costos y los sacrificios mientras subimos la cuesta, queremos deshacernos de cargas que al inicio del camino escogimos llevar.  Pero la exigencia del avance produce una variedad de dolores que nos hace buscar la manera de aligerar nuestro equipaje. 

Es allí donde aparentemente reflexionamos y decimos: “En que estaba pensando cuando me metí en esto.  Quizá la emoción del momento me hizo hacer una lista de promesas que en realidad no puedo cumplir.  Veré que digo para ya no tener que tener esta responsabilidad, al fin y al cabo, mis compañeros tampoco lo están haciendo”. 

La mayoría son buenos para comenzar, pero malos para terminar. Usan miles de excusas de diferentes tipos para justificar su incumplimiento. Y en ocasiones tú también actúas como que Dios ya olvido todos los pactos que hiciste con él, en el pasado.

Lo extraño es que tienes energía para miles de cosas menos para cumplir con tu propósito, llamado o asignación divina. Tienes tiempo hasta para aburrirte y dormir más de la cuenta, pero no para servir a Dios.  Tienes agenda para ir al cine, paseos o reuniones de esparción familiar pero no hay tiempo para hacer un altar familiar en la noche y adorar a Dios en el hogar. En fin, consumiría centenas de líneas en esta reflexión solo para registrar la lista interminable de excusas, pretextos y justificaciones que nos ayudan a ocultarnos tras de velos trasparentes.

Jonás huyó para no iniciar su asignación, Elías se desanimó e intento dejar a medias su carrera profética.  de la misma forma Jeremías quiso olvidarse de su comisión, pero le fue imposible.  A cada uno de ellos Dios les negó la salida.  Recordemos que ya había contratos divinos firmados de por vida, y debían de cumplirlos.

Que no se nos olvide que el incumplimiento de contrato es penado.  Y conlleva en si castigo.  Tal y como lo dijo el Apóstol pablo “… ¡Ay de mi sino anunciare el evangelio!” 1 Co 9:16. Por lo tanto al no cumplir nuestro contrato con Dios entramos al “¡ay!  prometido en las escrituras.

Retoma tus promesas, cumple tus pactos y se responsable con tus contratos ante Dios.

El “Heme Aquí” se firma con tinta eterna. 

No tiene fecha de expedición. Eso es para toda la vida.

Renueva tu contrato antes que se te pudra o pídele un nuevo a Dios si ya se te pudrió. 

Un diploma colgado en la pared o muy bien guardado, siempre se arruinará. Así que la vigencia de tus compromisos con Dios se lleva en el corazón.

Desempolva tus recuerdos, y renueva aquel momento sublime, donde le prometiste a Dios servirlo, seguirlo y amarlo para siempre.

No permitas que tu contrato se pudra y declara tu continua entrega a Dios como lo hizo Caleb a sus 85 años después de 40 años de haber firmado su pacto “Dame ese monte… todavía estoy tan fuerte como aquel día…” Jos 14: 7-12.

El dueño de la viña aun anda en busca de obreros que quieran trabajar con él. No importa si es muy temprano para ti, o muy tarde.  El promete darte la misma recompensa.   ¿Aceptas? ¿Estás dispuesto a renovar tus pactos con Dios?

“Porque el Reino de los cielos es semejante a un hombre padre de familia que salió por la mañana a contratar obreros para su vina… y también saliendo cerca de la hora uno decima (5:00 pm) y les dijo a los que estaban desocupados ¿Por qué están aquí? Y ellos respondieron, porque nadie nos ha contratado. y les dijo también vosotros id a mi viña y recibiréis lo que es justo…”  Mt 20:1- 16.

Pai Otoniel Alvarado. Casa Emanuel para todas las Naciones

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