Tres regalos para noche buena.

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A vísperas de celebrar otra navidad, la pregunta de moda es ¿Dónde y con quién la celebraremos? unos responden con familiares, otros con amigos y una minoría responde, solos. Considero que igual de importante es decidir “como pasarla”, cada uno, tiene ya una tradición a seguir en esta celebración que va desde preparar para la cena, una comida especial en casa, o salir a celebrar fuera del hogar, otros acostumbran a media noche abrir las muestras de cariño envueltas en regalos, especialmente los más pequeños del hogar que con su sonrisa brillan más que cualquier lucecita de árbol navideño. Lo cierto es que cada uno, hace de esa celebración algo especial. Mi aporte en esta ocasión es animarle con tres regalos a considerar en las horas previas a la gran celebración, que le permitirá aprovechar al máximo este bonito tiempo. Comienzo recordándole qué para celebrar el nacimiento de Jesús, los magos del oriente se presentaron delante del niño con regalos preciosos de alto valor económico, del mismo modo nosotros los creyentes en él, debemos presentarle regalos especiales en esta navidad, pero no envueltos en papel sino en obediencia, que es lo que complace su corazón. El primer regalo que deseo animarle para que entreguemos a nuestro Señor es el “amor”; amor hacia él, hacia nosotros mismos, y hacia nuestro prójimo. La Biblia declara que si no tenemos amor de nada nos sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles, si no tenemos amor somos como pedazo de metal ruidoso, somos como una campana desafinada, sin amor las manos no ayudan a nadie. El amar es una decisión, importante a tomar en este y en todo tiempo, el amor nos prepara para presentar el siguiente regalo, el “perdón”, la obediencia en esto es muy significativa para Dios, y lo manifiesta en que antes de recibir nuestra ofrenda nos manda a reconciliarnos con quienes estamos enemistados, y luego de ponernos de acuerdo entreguemos nuestra ofrenda a él, del mismo modo según la oración modelo que Jesús enseño el perdón es algo que necesitamos entregar a nuestros deudores, preparándonos así, para recibir el perdón que nosotros también necesitamos. Como humanos imperfectos todos sin excepción cometemos errores, esta época invita a contagiarnos de buenos sentimientos, hagamos uso de ellos para tomar la decisión de liberarnos de la falta de perdón en nuestros corazones, disponiéndonos a perdonar las faltas que otros cometieron para con nosotros, sin importar lo profundo de la herida, que es precisamente lo que a muchos les impide el pasar por alto esa ofensa y liberarse del dolor, rencor, y amargura que dejo en su corazón, por difícil que le parezca perdonar, le aseguro que no lo es, basta con activar el amor propio y comprender que a la vez que perdonamos somos libres, para amar y presentarnos limpios al Señor. 

El tercer regalo es “la fe”. La fe es la certeza de lo que se espera la convicción de lo que no se ve. Convencida estoy que Dios demanda de nosotros fe, para poder mostrarnos su amor y favor, este regalo muestra nuestra dependencia de él, y da consciencia de lo escrito “Sin fe es imposible agradar a Dios”, Además necesitamos llenar nuestra mente de fe para lo que está por venir. Si noto los tres regalos propuestos para entregar a Dios antes de terminar la celebración de noche buena, tienen algo en común, nuestra obediencia manifestada en ellos, y la paz que nos dará el hacerlo. Porque ¿Quién puede celebrar, con falta de amor, rencor en su corazón, y poca fe? Considero que ninguno. Los regalos de los magos fueron preciosos por su valor económico ¿Cuánto más valiosos y preciosos serán delante de Dios los tres regalos mencionados por el alto valor de obediencia que manifestaremos en ellos? 

Hagamos que esta navidad sea verdaderamente blanca y especial, agregando en nuestra agenda de celebración de noche buena, tiempo para hablar a otros de las grandes cosas que ha hecho Dios con nosotros en el presente año, y testifiquemos de los regalos que le entregamos al rey de reyes, y Señor de señores, en esta noche buena. 

¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz y buena voluntad, entre los hombres!

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