La tan preciada libertad

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Hace unos días en un restaurante de comida rápida a la espera de un buen amigo, entró una persona de edad promedio unos 50 años, jeans azul y camiseta blanca, de test morena, el disfrutó desde empujar la puerta para entrar, el olor del lugar, la ambientación del mismo, las personas que ahí se encontraban, etc.
Se sentó en una banca contigua e hizo la siguiente pregunta a una señora que estaba sentada a mis espaldas: Disculpe ¿La terminal de occidente queda en la dirección que voy?, la respuesta que obtuvo con un tono de desconfianza fue no saber dónde quedaba la ubicación que el pedía. Su reacción y expresión me causó asombro y a su vez mucho significado, “Me voy, para lograr llegar, llevo una hora caminando desde el penal de Mariona, después de 16 años preso hoy me dieron mi libertad, esto es un milagro, voy a seguir caminando hasta donde voy”, se levantó y sin desfigurar la sonrisa de su rostro, continuó su camino hacia lo que me imagino sería un reencuentro con su familia que no ve desde hace 16 años.
El sí de forma literal estaba viviendo como un hombre libre, sin monedas en su pantalón, sin billetes y mucho menos billetera, sin un celular, ni ropa de marca, de hecho la misma camisa que les dan en el recinto carcelario, sin un transporte que estuviera a su salida y muy probablemente su llegada sería la sorpresa para su destino. Wow ese hombre estaba disfrutando sin todo lo que nos adormece a nuestro alrededor de ser libre.
Desde ese día jamás puedo ver las cosas desde el mismo punto de vista, soy libre en todo sentido, este es mi país, despierto cada día a la par de mi esposa y mi hijo con un beso, un buenos días, un te amo, hay un techo sobre mi, una vestimenta que cuando escasea Dios renueva, un alimento que no es el mismo cada día, un ministerio de comunicaciones que me apasiona, siempre hay alguien que se preocupa por mi y mucho más que dije: Siempre e sido libre, la mayor libertad la recibí a mis 5 años cuando recibí a Cristo como mi único salvador personal y de ahí en adelante Dios se ha encargado de abrir caminos donde no hay, de procesarme cada vez que es necesario; entonces la tan preciada libertad no radica en cuántas cosas materiales tengamos, ese hombre no llevaba nada en su mano pero en verdad era un hombre libre, muchos tienen tanto alrededor pero son esclavos, de las deudas quizás, de vicios, de la sed de poder, fama o posición, esclavos de los manuales de vida de este mundo que dictan los parámetros idóneos para llamarse próspero, esclavos de un trabajo que pasó de ser herramienta de sustento y progreso en un mata sueños por demostrar que se es alguien. Esclavos de la moda que por cierto muchas tendencias son bastante feas, pero andar un caballito en las camisa les hace sentir estatus aunque sean unos burros mentales. Esclavos de pasiones ocultas y desenfrenadas que cuando salen a la luz son como un dominó que salen una por una y caen todos los de su entorno.
Nunca, nunca sacrifiquemos nuestra libertad por cosas que no valen la pena, vivamos disfrutando como el señor de jeans azul y camiseta blanca la tan preciada libertad.

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