¿Dónde estabas cuando te necesité?

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Juan 11:21 “Y Marta dijo… si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”

Uno de los problemas que encuentro en nuestra sociedad familiar actual es que en los hogares hace falta casi siempre la figura paterna.

Los hombres hemos sido mal enseñados. Se nos ha inculcado una cultura de trabajar desde niños para prepararnos en caso nos veamos en la obligación de mantener un hogar y una familia. Incluso los profesionales son encaminados en sus carreras para lograr sus metas, sus proyectos de vida y su autorealizaciòn. Pero todo gira en “su”.

La competencia por ver quién es mejor proveedor para su casa y sus hijos es tremenda. Hombres y también mujeres, que salen de madrugada de sus casas-dormitorios a transitar y competir en medio del tráfico para llegar a sus lugares de trabajo para cumplir -según ellos-, con el deber impuesto. Y eso está bien. Cultural y bíblicamente, el hombre es responsable de proveer, proteger, cuidar y pastorear su rebaño compuesto por su esposa y sus hijos.

Pero el desequilibrio viene cuando solo nos dedicamos a trabajar, trabajar y trabajar. Ese es el problema del hombre per sé: que es lineal. No podemos hacer dos cosas al mismo tiempo. Blanco o negro. En nuestra conducta no hay grises. O amamos o rechazamos. O somos tiernos con nuestra familia o somos ásperos. O nos inclinamos ante Dios o ante los hombres.

Y es cuando descubro un paradigma: Muchos padres pueden presumir de tener hijos profesionales. Incluso, he platicado con algunos que se sienten orgullosos de haber “graduado” a sus hijas de profesionales en diferentes ramas. Pero la pregunta que me brota cuando les escucho hablar de esas responsabilidades es: ¿Y también las formò para ser esposas y madres? Hay muchos bemoles que discutir en esto.

Otro detalle que me viene a la mente cuando escucho a padres presumir de tener a sus hijos en buenos puestos de trabajo gracias a sus estudios universitarios es: Es cierto, les llenó sus bolsones de libros y lápices para que fueran buenos estudiantes, pero, ¿les llenó también sus corazones? Porque no es lo mismo llenar el estómago y dejar el corazón vacío. Y de eso trata el título de mi escrito de hoy: ¿En donde estabas cuando te necesité? Porque el papel de padre o madre no es solo darnos la vida. También estar allí cuando los hijos nos necesitan.

Esa es la dolorosa pregunta de Marta a su amigo Jesus. El hombre que siempre había sido atendido por ella en su comedor. El amigo al que Marìa le lavaba los pies cuando llegaba cansado del camino. El huésped que siempre encontraba una cama limpia para que durmiera en su casa cómodamente. Ahora su hermano está enfermo. Y lo mandan a buscar para que lo sane. Y no llega. El hermano muere. Y el dolor aflora en palabras lapidantes: ¿Dónde estabas cuando te necesite?

Y es la pregunta de muchas hijos: “Mamá, en donde estabas cuando tuve a mi primer bebé? ¿Por qué no estuviste a mi lado? ¿En dónde estabas cuando busqué mi vestido de novia para mi boda? Papi, si hubieras estado aquí me matrimonio se hubiera salvado. Mi hogar no se hubiera destruido. Si hubieras estado aquí no me hubiera comprometido con el hombre equivocado. Si hubieras estado aquí, papá, mis sueños no se hubieran roto. Mi vida hubiera tomado otro derrotero. Me hubieras aconsejado de no firmar esos papeles. No me hubiera enamorado del monstruo con quien me casé. Mami, si hubieras estado aquí, aquí, conmigo, hubiera alcanzado la madurez para decir “no” cuando debí decirlo.

¿En dónde estabas, papá, cuando debiste estar a mi lado para no caer en las drogas? ¿Para no llenar con el vicio el vacío de mi corazón? ¿En dónde estabas, mami, cuando necesitè quien me aconsejara y me enseñara a vivir la vida de niña y adolescente? ¿En donde estabas cuando mis amigas me indujeron a la promiscuidad sexual? Si hubieras estado aquí, a mi lado, no me hubiera ido aquellas largas noches de soledad a beber cervezas con mis amigos en donde tuve dos abortos y ni cuenta te diste… Por estar trabajando, trabajando y trabajando…”

Soli Deo Gloria

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