Lo más desgastante del coronavirus (Covid-19)

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El gobierno central de mi país El Salvador está impulsando medidas importantes para sacar mayor provecho a la fase de contención de la pandemia de Covid-19, del cual aseguran las autoridades aún no hay un caso comprobado dentro de nuestro país, algo importante de entender para concientizarnos es que el hecho que no se tenga un caso comprobado, no significa que no esté ya silenciosamente encubado en una o más personas de nuestra región; el gobierno central ha comprometido su palabra asegurando que seremos informados en el instante mismo que ellos cuenten con una o más pruebas positivas de la presencia del virus en medio nuestro, Dios quiera que para entonces se tenga clara la fase de mitigación. Entre tanto es importante que paremos o al menos minimicemos el impacto emocional presente en la mayoría de nuestra población, que a mí parecer es lo más desgastante del virus. Me refiero al pánico provocado por la información y desinformación de la pandemia, este tipo de presión mental ha logrado arrebatar la paz y confianza aún de algunos creyentes del único ¡Dios vivo! paz que debe de prevalecer en tiempo de crisis como el que estamos atravesando hoy. El día de ayer, conversé  con una hermana en la fe, con la que por un tiempo nos congregamos en la misma iglesia, me bastaron unos minutos para discernir el circulo de miedo y duda en el que ella se encontraba a causa del mencionado virus. Inmediatamente decidí interrumpirla y cambiar su punto de vista diciendo “hermana no ignoro el gigante que esta amenazando nuestra tierra, pero déjeme decirle que tampoco ignoro el poder de Dios que puede salvarnos y pasarnos en seco en esta ola de angustia, recobre su ánimo y confié en la voluntad de Dios que es buena, agradable y perfecta. Convencida estoy que nuestro Dios tiene el poder de guardar la vida de todos los que podamos creer en él” ¡como dice la palabra que debemos de creer! Y no como nosotros decidamos creer. La conversación me hizo considerar la poca o nula importancia que algunos le están dando, a la oración, lo que podría ser por que la ven solo como un elemento terapéutico, olvidando que es el método prescrito por Dios para comunicarnos con él, en tiempo de bonanza como en tiempo de lucha y angustia, la oración es la forma óptima de drenar lo que nos preocupa y atemoriza. El apóstol Pablo, en una de sus cartas escribió “No se inquieten por nada; más bien en toda ocasión con oración y ruego, presenten sus peticiones aDios y denle gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” 

Esta porción de la escritura muestra claramente que antes de dejarnos consumir por la angustia de lo por venir, debemos de soltar nuestra ansiedad en la oración. Como escrito está: “Depositemos en él toda nuestra ansiedad, porque él, tiene cuidado de nosotros, (1 Pedro 5:7)

De cara a la amenaza de contagio de este virus, depositar o soltar toda ansiedad en Dios, es una decisión propia de cada uno, porque nadie más puede hacerlo por nosotros, ya que es necesario hacerlo por y para nosotros, con plena conciencia de quien es Dios confiados de que él hará su parte, siempre y cuando nosotros hagamos la nuestra. Que además de orar y creer es seguir las indicaciones de higiene simples como lavarnos frecuentemente las manos, desinfectar teléfonos y áreas comunes en nuestro hogar, guardar distancia con las personas y de ser posible quedarnos en casa. Lo más peligroso de Covid-19, para los creyentes y para el mundo entero, es continuar alimentando el pánico y negarnos a aprender a drenarlo en oración, confiando en el poder de Dios y de su existencia que no depende de si creemos o no. De no ser así terminaremos volcando nuestro pánico sobre quienes nos rodean en cuenta nuestros seres amados. Lo que elevaría el eterno problema de violencia en nuestro país y el mundo entero.

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