Referencias

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Prov. 14:16 “El sabio teme y se aparta del mal…”

Quizá voy a caer mal, pero me expongo a eso por decir cosas que creo muy pocos se atreven. No soy mejor que otros, solo hago lo que creo es lo correcto para mejorar un poquito el estado de nuestra sociedad, especialmente de los hogares cristianos que por ignorancia o por desconocer ciertos principios elementales han aceptado relaciones tóxicas, relaciones que desde un principio dan muestras de abuso y violencia, especialmente hacia la mujer.

Porque es un hecho que en nuestra sociedad machista ellas son las vìctimas de ese flagelo que significa vivir con un abusador y muchas veces, violador disfrazado de cristiano y hasta de predicador con tal de impresionar a las hermanitas que no se preparan o no son preparadas para discernir las señales del alacrán que se están metiendo entre las mangas.

Abundan los ejemplos, no estoy descubriendo el agua azucarada. Me dedico a la restauraciòn matrimonial y a la enseñanza a los hombres de mi congregación como se debe tratar a una esposa y a sus hijos. Y mi esposa se dedica a enseñar a las mujeres como deben ser tratadas según el orden de la Palabra de Dios.

Hace unos años, una empresa me llamó por teléfono para pedirme referencias sobre la conducta de una hermana de mi congregación porque les estaba solicitando trabajo. Con mucha pena les respondí que yo no recomendaba a dicha hermana. Su conducta cristiana dejaba mucho que desear y no quise engañar a nadie ni correr el riesgo de ser avergonzado después. Lo lamento, no puedo cubrir pecados ajenos.

Me vino a la mente ese recuerdo porque creo que cuando una empresa pide referencias sobre la conducta de las personas que van a contratar, no es al pastor ni a los amigos a quienes debe acudir. La persona que mejor conoce a esa persona, especialmente si es hombre, es la mujer que vive con èl. Es ella la que debe dar las referencias sobre el hombre que duerme a su lado. Pero se espera que ella sea sincera y honesta. Algo que nadie se preocupa por cumplir.

De igual manera creo que si una mujer está siendo cortejada por un “hermano” a quien su esposa -de la que dice se está divorciando y que es mentira la mayoría de las veces-, no lo atiende, que no le “da” nada, que lo insulta y lo desprecia y es por eso que necesita el amor que “solo usted, hermanita”, me puede dar, esta mujercita inocente, que cree las palabras que le están diciendo, que cree que ese hombre es de Dios porque tiene una Biblia bajo el brazo pero no en el corazón, se deja engatusar fácilmente por sus lágrimas hipócritas y cae en la trampa. Lo acepta, se enamora, se entrega y se pone a vivir con èl.

Al poco tiempo las cosas empiezan a cambiar. Golpes, insultos, engaños, exigencias abominables en la cama, palabras denigrantes y muchas cosas màs. El caos y el desorden llegaron a la vida de aquella hermana que era una buscadora de Dios, ahora tiene que salir a buscar el pan de sus hijos porque el hombre que la conquistó no cumpliò sus promesas.

¿Qué sucedió? Fácil entenderlo. Si esa hermana me hubiera preguntado si era bueno aceptar el cortejo de ese hombre, yo le hubiera aconsejado algo que ningún consejero hace: Llamar a la ex-esposa por teléfono (si realmente es su ex) y preguntarle los motivos de su separaciòn. Estoy seguro que escuchará una historia muy diferente de la que èl le contó. Quizá escuche los verdaderos motivos de su separaciòn: golpes, insultos, ultrajes, prácticas abominables en la cama y muchas cosas màs. El tigre no cambia sus manchas, queridas hermanas.

Entonces: ¿Qué mujer con cinco dedos de frente se va a poner a vivir con un hombre con semejantes referencias?

Ese es el problema de nuestras familias cristianas en donde hay tanto zángano viviendo a costillas de su esposa que deja de cumplir sus deberes cristianos con tal de mantener al hombre que le prometió la luna y las estrellas. Lo mismo aconsejo a los jóvenes de mi congregación: No se dejen engañar por palabras bonitas. No se dejen engañar por maquillajes y rostros bonitos. Los mando a la casa de la prometida y que escuche como le responde a su mamá cuando la envía a lavar los trastos. Que ella vaya a la casa del prometido y vea como trata a sus padres. Así serà cuando ya estén casados. Si es capaz de gritarle o hablarle mal a su madre, cuanto màs a “su” mujer. Si le falta el respeto a su padre, cuánto màs lo hará con su esposo.

Referencias, hermanos, referencias. Pero no de las personas que los cubren. No al pastor. No al líder de célula. Es la esposa quien debe mostrar las cicatrices en su espalda o piernas para que hablen por sí solas. ¿Que opinan?

SOLI DEO GLORIA

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