{"id":7168,"date":"2019-10-07T18:51:25","date_gmt":"2019-10-07T18:51:25","guid":{"rendered":"https:\/\/laprensacristiana.com\/?p=7168"},"modified":"2019-10-07T18:51:28","modified_gmt":"2019-10-07T18:51:28","slug":"la-razon-por-la-que-caen-nuestros-lideres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laprensacristiana.com\/?p=7168","title":{"rendered":"La raz\u00f3n por la que caen nuestros l\u00edderes"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es hora de cambiar la manera en la que las iglesias establecemos l\u00edderes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su nombre real no viene al caso, pero le llamaremos Ad\u00e1n. Baste con decir que el esc\u00e1ndalo le explot\u00f3 en la cara. No fue el primer <em>hombre de Dios <\/em>en caer en un pecado de inmoralidad sexual, y seguramente no ser\u00e1 el \u00faltimo. Eso es precisamente lo terrible de su caso. Ad\u00e1n es \u201cuno de muchos\u201d en un campo de la vida en el que no deber\u00eda haber ninguno. \u00c9l mismo hab\u00eda sido responsable de predicar a su congregaci\u00f3n -con genuina convicci\u00f3n- sobre la santidad del creyente, habiendo expresado su condena en p\u00fablico y en privado contra pastores que hab\u00edan ca\u00eddo en la inmoralidad. Ahora, toda la verdad sobre \u00e9l hab\u00eda salido a la luz. Ad\u00e1n era otro m\u00e1s en la lista.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ad\u00e1n lleg\u00f3 a Jes\u00fas en los primeros a\u00f1os de sus\nestudios universitarios. Su conversi\u00f3n fue tan radical como lo fue su\ninvolucramiento en la iglesia a la que asist\u00eda en esa \u00e9poca. Pronto fue\nconocido entre los dem\u00e1s j\u00f3venes por su habilidad para recordar pasajes de la\nBiblia y repetir acertadamente los conceptos que los pastores predicaban desde\nel p\u00falpito. En pocos meses lleg\u00f3 a ser parte del liderazgo del grupo juvenil\ny, para agrado de todos, no tard\u00f3 en manifestar que cre\u00eda estar llamado al\nministerio. Su personalidad magn\u00e9tica se vio potenciada por el noviazgo que\ninici\u00f3 con Raquel, una de las jovencitas que hab\u00edan crecido en la\ncongregaci\u00f3n y a quien todos en la iglesia amaban como a alguien de la\nfamilia. Juntos constitu\u00edan \u201cla pareja ideal\u201d para ser pastores o misioneros.\nSus pastores le consideraron como un candidato al diaconado, pero prefirieron\ndarle una posici\u00f3n de m\u00e1s protagonismo en la congregaci\u00f3n. A nadie\nsorprendi\u00f3 que la Iglesia les invitara a servir a&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;  tiempo completo luego de contraer matrimonio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ad\u00e1n, entonces, inici\u00f3 su ascenso por la escalera del\nliderazgo ministerial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Activo, inteligente, y capaz, Ad\u00e1n era, <em>para todos los que estaban a\nsu alrededor, <\/em>un hombre espiritual. Nada despertaba inquietud alguna\nsobre su car\u00e1cter. Es m\u00e1s, los otros pastores comentaban lo bueno que ser\u00eda\ntener m\u00e1s <em>Adanes <\/em>en el equipo de\nministerio. Raquel pronto conoci\u00f3 algunos de sus faltas de car\u00e1cter y de sus\nluchas interiores; pero se tranquiliz\u00f3 pensando que <em>nadie es perfecto<\/em>. Y ten\u00eda\nraz\u00f3n, nadie lo es. Adem\u00e1s, su amado esposo ten\u00eda las palabras correctas en\nlos momentos apropiados; nadie -se atrevi\u00f3 a pensar ella- podr\u00eda fingir la\nespiritualidad tan elaboradamente. Ad\u00e1n, entonces, continu\u00f3 su ascenso <em>natural <\/em>como l\u00edder.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El joven pastor pronto se enfrent\u00f3 a la realidad de que\nel ministerio es gente, y a que trabajar con gente conlleva mucha\nresponsabilidad. Para \u00e9l, m\u00e1s responsabilidad trajo m\u00e1s presiones. Nadie\nnunca le dijo que las presiones no se solventan por medio de una personalidad\natractiva o un matrimonio bonito. O que ni siquiera el mucho conocimiento es de\ngran ayuda cuando se carece del car\u00e1cter cristiano para usar correctamente la\ninformaci\u00f3n que se conoce. Lo triste del caso de Ad\u00e1n es que decidi\u00f3\nrecurrir a su personalidad y conocimiento para cubrir la falta de capacidad\npara manejar la presi\u00f3n. \u00c9l hac\u00eda <em>mucho <\/em>ministerio, y lo hac\u00eda bien. Como la apariencia de control y normalidad es\nregularmente interpretada en las iglesias como sin\u00f3nimo de crecimiento\nespiritual, Ad\u00e1n sigui\u00f3 creciendo ministerialmente. Esto le trajo a\u00fan m\u00e1s\nresponsabilidades, las cuales a su vez causaron m\u00e1s presi\u00f3n en su alma. La\nvida comenz\u00f3 a ser insoportable.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La espiral de deterioro hab\u00eda comenzado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es dif\u00edcil adivinar qu\u00e9 le pas\u00f3 a Ad\u00e1n. Los\nsic\u00f3logos le llaman <em>burn-out<\/em>. A veces, tal t\u00e9rmino pareciera ser intercambiable con\nlo que la Biblia llama <em>pecado<\/em>. Ad\u00e1n pronto lleg\u00f3 a ser un ministro conocido en las iglesias de su\nciudad. Desafortunadamente, los demonios tambi\u00e9n le conocieron \u00edntimamente,\naprovechando al m\u00e1ximo las fallas en su car\u00e1cter. La autoindulgencia condujo\na la complacencia y la complacencia a la mentira para cubrir su\nautoindulgencia. Tal hipocres\u00eda le hizo sentirse sucio; y en su suciedad no\ntuvo armas para defenderse de las acusaciones de su conciencia. La culpabilidad\nle desanim\u00f3, y en su des\u00e1nimo se permiti\u00f3 m\u00e1s autoindulgencia. Un pecado le\nllev\u00f3 a otro -mientras, parad\u00f3jicamente, una actividad ministerial le abr\u00eda\nm\u00e1s puertas de ministerio- y, en lo que menos se dio cuenta, <em>todas <\/em>las barreras\nhab\u00edan colapsado. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finalmente, todo se supo. La hija de uno de los l\u00edderes\nde la iglesia en la que serv\u00eda -apenas una chiquilla- le acus\u00f3 de ser el\npadre de su beb\u00e9. Ella fue la primera en denunciarlo, pero no la primera con\nla que Ad\u00e1n cruz\u00f3 la l\u00ednea de la moralidad; hubo otras. El esc\u00e1ndalo\nsalpic\u00f3 a su familia -y a toda la familia de la fe- al revelarse las mentiras,\nenga\u00f1os e hipocres\u00eda con que suelen estar cubiertos los pecados oscuros de\nlos creyentes; especialmente los pecados de los l\u00edderes. La expansi\u00f3n del\nreino sufri\u00f3 una derrota que no ser\u00e1 f\u00e1cil de superar. Los detractores del\nRey se encargar\u00e1n de que \u00e9sta sea recordada por largo tiempo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCu\u00e1l fue el error? Sin disculpar a Ad\u00e1n -quien tendr\u00e1\nque rendir cuentas por sus actos ante Jes\u00fas alg\u00fan d\u00eda- la primera\nequivocaci\u00f3n no fue suya. El error lo cometieron los l\u00edderes que le\nestablecieron como ministro sin cerciorarse de la solidez de su car\u00e1cter. La\nfalta naci\u00f3 de una filosof\u00eda de discipulado que transmite informaci\u00f3n y no\nvida; de un sistema de capacitaci\u00f3n de l\u00edderes que comparte t\u00e9cnicas pero\ndescuida el car\u00e1cter de quienes capacita. El error lo cometimos todos los que\nperpetuamos una cultura cristiana en la que la personalidad y la actividad\npesan m\u00e1s que el car\u00e1cter probado y las convicciones aut\u00e9nticas. Los\nculpables somos los maestros de la Biblia que decidimos ignorar la exhortaci\u00f3n\nde Pablo a Timoteo: <em>No impongas con\nligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Cons\u00e9rvate\npuro. <\/em>(1 Timoteo 5:22)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Del pecado de Ad\u00e1n participamos todos. Al menos todos\nlos que no seguimos los principios con los que el Rey form\u00f3 a los l\u00edderes de\nsu movimiento. Es hora de hacer un alto y revisar la forma en que estamos\nestableciendo l\u00edderes en nuestras congregaciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es hora de cambiar la manera en la que las iglesias establecemos l\u00edderes. Su nombre real no viene al caso, pero le llamaremos Ad\u00e1n. Baste con decir que el esc\u00e1ndalo le explot\u00f3 en la cara. 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