Jueces 1:12–15
Hay etapas en la vida donde parece que ya lo tienes todo… pero por dentro sabes que algo falta. Puedes tener oportunidades, responsabilidades, incluso bendiciones visibles… pero si no hay sustento, todo empieza a desgastarse.
Así estaba Acsa. Había recibido tierra. Era una bendición, sí… pero ella entendió algo que no todos perciben: esa tierra, sin agua, no iba a sostener nada.
Y ahí se ve el corazón de esta mujer. No fue pasiva. No se quedó callada aparentando que todo estaba bien. No se conformó con lo que tenía solo porque “ya era suficiente”.
Acsa se detuvo, pensó… y actuó. Pero no desde el capricho, sino desde el entendimiento. Pidió fuentes de agua. No pidió más tierra. No pidió más apariencia. Pidió lo que iba a dar vida.
Y eso nos confronta profundamente. Porque muchas veces seguimos avanzando, sirviendo, construyendo… Pero descuidamos lo que sostiene nuestra vida por dentro.
Nos vemos bien por fuera, pero por dentro estamos cansadas, secas o vacías. Y lo más peligroso es que aprendemos a vivir así.
Acsa nos recuerda algo sencillo pero necesario: no todo lo que tienes te sostiene. Hay momentos donde no necesitas más cosas… necesitas más de Dios. Su presencia es la fuente. Su Espíritu es el agua que renueva, que sostiene, que da vida.
Mujer, no te acostumbres a vivir sin esa fuente. No normalices el cansancio del alma. No sigas avanzando sin detenerte a buscar lo que realmente te sostiene. Porque cuando tienes la fuente, todo lo demás cobra sentido. Y entonces ya no solo tienes bendición… tienes vida.
Tomando Mi Nación Mujer | Emma de Cuéllar