2 Reyes 11:1–3
Después de la muerte del rey, Atalía decidió destruir a toda la descendencia real.
Era un tiempo de miedo, de presión y de decisiones urgentes. Y en medio de todo eso… había un niño. Joás. Indefenso. Sin voz. Sin cómo defenderse.Y Josaba lo vio.
No era lo más fácil involucrarse. No era lo más seguro. No era lo más cómodo. Pero entendió que no podía ignorar lo que estaba frente a ella.
“Tomó a Joás… y lo escondió” (v.2)
No hizo ruido. No pidió aprobación. No buscó reconocimiento. Actuó. Y lo hizo en secreto. Arriesgando su vida… protegiendo algo que parecía pequeño, pero que llevaba un propósito grande.
Porque lo que Dios te confía, no es casualidad.
Mujer, hay cosas en tu vida que no puedes soltar. No porque sean fáciles… sino porque tienen propósito.
Quizás nadie ve lo que estás sosteniendo. Quizás nadie entiende lo que estás cuidando. Pero eso no le quita valor.
No todo lo importante es visible. No todo lo que tiene propósito es reconocido. Hay obediencias que se viven en silencio… pero que sostienen planes eternos. Josaba no estaba en un escenario. No estaba siendo aplaudida. Pero estaba preservando una promesa. Y eso fue suficiente.
Mujer, no ignores lo que Dios te ha confiado. No lo descuides. No lo abandones por miedo. Protégelo. Sosténlo. Sé fiel. Porque cuando una mujer decide obedecer a Dios en medio de la presión, aunque nadie la vea… está siendo parte de algo mucho más grande de lo que imagina.
Tomando Mi Nación Mujer
Emma de Cuéllar