Éxodo 15:22–27; Mateo 11:28; Juan 4:14
Todos, en algún momento de la vida, pasamos por Mara.
Ese lugar donde el corazón está cansado, las lágrimas son constantes y el alma pierde las fuerzas. Allí todo parece amargo. Las preocupaciones ocupan la mente, el temor al futuro roba la paz y las heridas no nos permiten ver más allá del dolor.
A veces sonreímos, servimos y seguimos adelante, pero por dentro estamos cansadas y necesitamos que Dios renueve nuestras fuerzas.
Así estaba el pueblo de Israel. Después de haber visto el poder de Dios abrir el Mar Rojo, llegaron a Mara con la esperanza de encontrar agua. Pero cuando la probaron, era amarga.
Muchas veces nosotros también llegamos a ese lugar. El cansancio del ministerio, las preocupaciones por la familia, la economía, la salud o el mañana pueden hacernos creer que todo terminó allí.
Pero Dios nunca pensó que Israel se quedara en Mara.
Después de Mara los condujo a Elim, donde había doce fuentes de agua y setenta palmeras. Un lugar de descanso, provisión y renovación.
Qué fácil es quedarse estancados en la amargura, recordando lo que nos hirió o pensando que ya nada cambiará. Pero Dios nos llama a seguir caminando.
Jesús dijo: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.» Mateo 11:28
El descanso no está en las circunstancias. Está en Cristo.
Y también dijo: «El que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.» Juan 4:14
Mujer, no permitas que Mara sea el lugar donde decidas vivir. Sigue caminando con Dios. Él conoce el camino hacia tu Elim.
No te quedes mirando las aguas amargas cuando delante de ti está Aquel que puede darte agua viva y renovar tu corazón.
Porque después de Mara, Dios todavía tiene un lugar de descanso para quienes siguen confiando en Él.
Tomando Mi Nación Mujer 🇸🇻
Pra. Emma de Cuéllar