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sábado, julio 20, 2024

Historia de Capellanes, su labor evangelizadora desde el ejército.

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Por: Edwin Góngora

Los Capellanes Militares tienen  su origen a mediados de los años trescientos, después de Cristo, cuando, el oficial Martin Tour vive una experiencia que lo inmortalizaría. 

Al Encontrarse con un indigente que pedía limosna, Martin no contaba con algo para ayudarle, por lo que  de su  gran capa que usaba como militar, la corta a la mitad para cubrir al indigente.

Esa misma noche soñó que a quien había ayudado era Jesucristo. 

Martin Tour se convirtió al cristianismo y se dedica desde ese momento a auxiliar a los más necesitados.

Un ex compañero de armas lo tilda de cobarde, por retirarse del ejército, a  lo que le contestó: «Con la espada podía vencer a los enemigos materiales. Con la cruz estoy derrotando a los enemigos espirituales».

El termino capellán, nace de la palabra “capa”, que utilizo Martín de Tour cuando ayudó al indigente. En francés se utiliza la palabra “capella”, que al castellanizar se traduce como “Capilla”.

Los Capellanes son militares capacitados en el combate, pero también por el legado de Martin Tour, hombres y mujeres que puede asistir a quien necesita un consuelo espiritual.

Hace unos días conocí al Capellán Mayor del Ejército de los Estados Unidos, Pastor Rubén Vargas, quien visitó el país por primera vez.

El Mayor Vargas es un militar retirado que hoy desde la Capilla Evangélica en Fort Jackson pastorea a no menos de 8 mil cuatrocientos efectivos del ejército más poderoso del mundo, con una clara visión.

“Mi idea principal es preparar soldados no solamente en la condición como soldados, sino prepararlos espiritualmente para llevar un mensaje donde muchas personas no pueden ir”.  Manifiesta el Capellán Mayor Vargas.

Y es que el soldado Americano tiene la oportunidad de ir a varios países y Dios le permite a ellos no solamente hacer su labor militar, sino también compartir su Fe, esperanza y lo que Dios ha hecho en su vida.

Vargas es moreno, robusto, de estatura mediana y con una voz fuerte, que cada vez que habla su acento  portorriqueño le pone un toque a la conversación. 

Tras 28 años de servicio en la capellanía, asegura que desde hace un tiempo dejo de predicar la religión y hoy predica una relación con Dios. Lo que busca, es que cada soldado tenga un verdadero encuentro con el Cristo vivo, con un Dios que afirme su camino, trasforme su vida y les ayude en los momentos difíciles.

Me explica que al interior de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, existen efectivos que profesan diferentes religiones, gracias a la libertad constitucional existente.

Lo interesante agrega, es que la voz se riega entre los soldados, quienes aseguran “haber encontrado un lugar donde sienten la presencia del señor”, por lo que muchos se acercan y llegan.

El mayor Vargas reconoce que Dios le dio un hijo biológico, pero como le prometió a  Abraham, la arena crecería y se convertiría en hijos. Dios asegura, le ha dado la oportunidad de sembrar la semilla y ver la cosecha en el ejército de los Estados Unidos.

Conversar con él se vuelve interesante pues cada parte de su relato lo emociona.

Mientras sus ojos brillan un par de lágrimas ruedan por sus mejías y me asegura que su servicio lo realiza con una enorme “pasión”  porque lo que transmite es lo que ha vivido junto a Dios.

“Yo no vine a edificar en la tierra, yo vine a edificar en el cielo. Estoy  creando tesoros haya arriba en el cielo, porque aquí en la tierra yo no quiero nada”, me enfatiza.

El Mayor Vargas destaca que cuando un hombre o una mujer se pone el uniforme la persona tiene que decir: “Señor yo quiero que tú seas mi guía, permitirme hacer tu voluntad, que todo lo que yo haga sea en tu nombre”.

Un capellán está entrenado como servir en un hospital, en una cárcel, además de capacitarse en como determinar prevención en suicidios, diferentes clases de resilencia y asistir a una persona que desee ser escuchada.

¿Mayor en que se ha convertido el ejército de los Estados Unidos catalogado el más fuerte del mundo con acciones como estas que usted ha desarrollado durante varios años?

Cada año el ejército cambia y si es considerado el más fuerte del mundo es porque hay mucha gente que dobla rodillas. Porque no es la fuerza del poder, sino por el poder de Dios.

Se mantiene la fe, nuestro juramento como militares en su parte final dice “así lo permita Dios”.

Yo puse mi confianza en Dios para seguir adelante y cada persona que lo hace él,  lo empieza a guiar en el camino correcto.  

Prueba de lo anterior me cuenta el Mayor Vargas, se fundamenta en el testimonio de una joven que tras escuchar una de sus predicas, corre al altar, se tira de rodillas es  ministrada frente al altar.

Al terminar le pregunta ¿aquí a donde puedo ayudar?, la abraza y le asigna que sirva con los ujieres.

Pero en el momento de quitarse la camisa del uniforme para ponerse  la de servidora, observan que sus brazos, espalda y cuello estaban completamente tatuados.

“El mundo ve eso y lo rechaza,  me dice, yo lo veo y digo esto va a ser  una bendición de Dios”.

Pero la historia continuo.

Una semana después esta joven se bautizó y profundizó su servicio. En los días siguientes le  detectaron un soplo en su corazón. Por lo que pidió dar su testimonio en la capilla.

“Yo lleve una vida equivocada allá afuera”.  

“Viví una vida de perdición, no sabía a donde iba, no sabía que haría y decidí meterme al ejército buscando una escapatoria”, narra el Capellán Mayor  con ojos llorosos de lo  testificado por la joven  frente a sus colegas militares.

“Quería matarse, pero alguien se  le acercó le  dijo, ven conmigo a la iglesia y al entrar escucho la voz de Dios y ese amor inicio a transformarla, al reconocer que había vuelto a su casa”.

Dios lo que quería con esta chica no era que ingresara al ejército, no.  Dios quería renovar su vida y al llegar a la iglesia sanar su corazón.

¿Mayor,  los soldados que usted prepara salen con un M-16 en la mano y con un conocimiento de la palabra en su corazón?

“Yo quiero darle al mundo a conocer que nosotros no matamos, nosotros defendemos la libertad”.

Así también afirma, “yo no tengo la intención de herir a una persona, pero voy a defender aquello que Dios puso al frente de mí”.

Los capellanes durante el combate y en todo momento no portan armas, sino que cuentan con un escudero que los defiende, un asistente que les libra contra las balas.

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