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martes, junio 23, 2026

La Fiesta de la gracia

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Lucas 15:28-32

El pasaje de Lucas 15:28-32 nos presenta la reacción del hijo mayor ante el regreso de su hermano pródigo y la respuesta del padre. Jesús dirige estas palabras finales a los fariseos y escribas que murmuraban porque Jesús recibía a los pecadores. El hermano mayor de la parábola representa a aquellos que no se van de la casa del padre físicamente, pero espiritualmente están lejos de la celebración y el gozo que la gracia produce. Aun en sus palabras destilan una religiosidad amargada: ¨Tantos años te he servido¨, literalmente ¨he sido tu esclavo¨. No ha vivido como hijo, sino como un siervo que espera un salario. Su obediencia, aunque impecable, no nace del amor sino del cálculo. Por eso reclama: ¨nunca me has dado ni un cabrito¨. La lógica del merito le impide gozar de la gracia: el padre celebra con una gran fiesta con quien volvió, y el hijo mayor se indigna, por la gracia que les es dada sin merito alguno a su hermano menor.

Hay, un distanciamiento doloroso que rompe el vínculo filial: no dice ¨mi hermano¨, sino ¨ese hijo tuyo¨, rompe el vínculo familiar. Cuantas veces repetimos esa actitud en la iglesia, subrayando el pecado ajeno y negándonos a llamar hermano a quien cayó. Olvidándonos que el Padre también sale a buscarnos a nosotros, los que nos creemos justos.

La respuesta del padre es interesante ¨hijo, tú siempre has estado a mi lado, y todo lo que tengo es tuyo¨. Le recuerda que su herencia ya la posee, pero con todo y eso, vivía mendigando un cabrito. Esta palabra nos invita a reflexionar y preguntarnos: ¿gozamos de la intimidad filial con Dios o nos comportamos como siervos calculadores?

La alegría del cielo no es un premio al pecado, sino el estallido de amor por la vida recuperada ¨este tu hermano estaba muerto y ha revivido¨. El padre invita a su hijo mayor a abandonar la actitud que le impide tener gozo, sin embargo, no lo fuerza a entrar.
Jesús no cierra el relato, pero lo hace con la intención de que nos preguntemos ¿Queremos permanecer fuera, atados a nuestra religiosidad, o nos unimos al abrazo del padre? Ser hijos significa celebrar la restauración ajena, confiar en la abundancia disponible en Dios para nosotros, Ya que solo quien se sabe heredero puede disfrutar al máximo la fiesta de la gracia.

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