Y su fidelidad jamás cambia

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“Él es un Dios bueno; su amor es siempre el mismo, y su fidelidad jamás cambia.”  Salmo 100:5 TLA

Hace algunos días fui invitado a ejecutar el violín en un evento de dedicación de una iglesia y pensé en interpretar algo sobre la fidelidad de Dios. Antes de ejecutar ¨Grande es tu Fidelidad¨ de Thomas Chisholm (1866–1960) quien escribió la letra y William M. Runyan (1870–1957) la música, hice referencia al Salmo 100:5 TLA: “Él es un Dios bueno; su amor es siempre el mismo, y su fidelidad jamás cambia”. Dejé abierto este versículo sobre el púlpito y mientras tocaba el violín leía “Dios es Bueno” y en mi mente recorrí escenas de la bondad de Dios en nuestra vida, familia y lugares en los que nos hemos desarrollado ministerialmente; rostros de personas que han sido parte de esa bondad… ¡Dios es Bueno!

Luego vi “su amor siempre es el mismo” y pensé que por siglos Dios ha mostrado su amor hacia nosotros aun sin merecerlo, me cuestioné ¿por qué a veces no podemos demostrar el amor a nuestro prójimo? con un saludo afectuoso… o un abrazo sincero… se nos olvidan los valores…y cuando casi terminaba de tocar leí “y su fidelidad jamás cambia”. Creo que ese fue el momento más emotivo, mis ojos se llenaron de lágrimas y ahí estaba yo realizando el cuidado de Dios en mi vida y mi familia. La fidelidad… ¿por qué no podemos ser fieles a Dios cuando la fidelidad de Él jamás cambia? Hay mucho afán y nos olvidamos de dónde proviene tanta bendición.

No sé a cuántos músicos les pasa lo mismo o qué piensan mientras están ejecutando sus instrumentos. En mi caso particular hice propio lo expresado en Lamentaciones 3:22-23 “Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana; ¡grande es tu fidelidad!

Terminé de ejecutar el himno y creo que el más bendecido… fui yo.

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