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martes, octubre 20, 2020

La mirada de Jesús

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Lucas 22:61 “Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro…”

¿Qué fue lo que “miró” Jesus en Pedro aquella famosa madrugada en que estaba siendo golpeado y su amigo lo negaba? ¿Hasta donde llegó la mirada de Jesus como para que Pedro se sintiera el màs vil de los hombres? ¿Sería por la mirada? ¿Qué clase de mirada le envió Jesus a su amigo en aquel momento para que saliera avergonzado, humillado, confrontado y llorando amargamente?  Lo vamos a averiguar estudiando los cuatro cuadrantes de la Ventana de Yohari:

Tenemos cuatro dimensiones dentro de nosotros.  Nos deben servir para que conozcamos quienes somos, qué somos capaces de hacer y lo que estamos viviendo delante de los otros y a escondidas de los otros:

1.- El cuadrante público: lo que no se oculta. Todos nos ven por lo que hacemos y decimos.

2.- El cuadrante oculto: Los sueños, proyectos, debilidades, hábitos. Lo que no ocultamos a          

     los demás. Los compartimos libremente. Son las cosas que publicamos.

3.- El cuadrante ciego: Lo que otros saben que nosotros no sabemos que lo saben. Aquí es  

     donde necesitamos verdaderos amigos. Que nos acepten y nos amen con todo lo que  

     saben de nosotros y nosotros no sabemos que ellos lo saben.

4.- El cuadrante desconocido: Lo que nosotros no sabemos de nosotros mismos.

Este fue -si me lo permite-, el momento que Pedro sintió un escalofrío cuando Jesus lo “miró”.  Porque Jesus lo traspasó con su mirada hasta el cuadrante cuatro.  Èl vio lo que Pedro no sabìa que Jesus sabìa.  Jesus se lo había dicho: Que lo iba a negar.  Pedro no lo creyó, hasta que Jesus lo vio. Aunque su boca dijo otra cosa, en su interior había otra conducta desconocida para su amigo.  Pero no para Dios. Es por eso que Dios “mira” las intenciones del corazón.  Lo màs profundo de nuestro ser.  Escucha nuestros diálogos internos.  Nuestros pensamientos màs dramáticos e íntimos.  Allí es donde llegan los Ojos de nuestro Dios. No nos engañemos: Dios no puede ser burlado, mis amigos. El gallo es solo un recordatorio de la excelsa mirada que Jesus le envió al interior màs profundo de Pedro. Por eso lo perdonó y lo siguió amando. Fue por eso que en la cruz dijo: “Padre, ellos no saben lo que hacen…”.

Y esa es nuestra esperanza: Dios nos conoce desde lo màs íntimo de nuestro ser. Y aun así no deja de amarnos. ¡Qué Dios maravilloso el que tenemos a nuestro favor!  Feliz Domingo amigos.

SOLI DEO GLORIA

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