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miércoles, enero 20, 2021

Almohadas de piedra

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Génesis 28:18 “Y se levantó Jacob muy de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera…”

Creo que no hay nada más duro que dormir en una cama dura. Algunas veces en alguno de mis viajes a predicar fuera de mi casa he tenido que dormir en algún lugar con camas tan duras que no es posible dormir bien. Amanece uno con dolor de espalda, huesos y con un malestar físico que cuesta empezar el día.

¿Se imaginan dormir con la cabeza puesta toda la noche sobre una almohada de piedra? Jacob sufrió ese problema. Y tenía razones de sobra para que su almohada fuera de piedra. No sabía hacia donde iba cuando iba huyendo de su hermano Esau. No sabía qué le depararía el destino una vez cruzara la frontera hacia el otro lado. Iba a encontrarse con familiares que nunca había conocido. Esa noche, nuestro amigo Jacob no pudo dormir bien porque la incertidumbre del día siguiente lo atormentaba tanto que me imagino pasó la noche en vela tratando de hablar con el Dios de su padre Isaac. Seguramente se pasó la noche con su cabeza recostada sobre su almohada de piedra haciendo un resumen de lo que había sucedido días antes en su casa con respecto a la bendición del padre. Parecía que esa bendición no era tal sino todo lo contrario, ya que había tenido que salir huyendo de su airado hermano y buscar refugio en otro lugar.

¿Cómo es que una bendición puede apartarnos de nuestros seres queridos? ¿Cómo es posible que una sencilla oración de un padre moribundo podía despertar tantos problemas en su vida -quizá pensaba Jacob-? Si recibir una bendición significaba salir huyendo, dormir a campo abierto con una almohada de piedra, sufrir el exilio y abandonar el hogar, entonces no se sabe qué pensar.

Es posible que usted haya tenido que dormir algunas noches sobre una almohada de piedra. Quizá el matrimonio que debió ser una bendición se convirtió en un tormento de celos, pleitos y contiendas. Tal vez su trabajo no le rinde lo suficiente para cancelar sus deudas y ahora cada noche duerme sobre una piedra por almohada dando vueltas y vueltas en su cama sin poder dormir a gusto. O la duda si el negocio que hará al día siguiente lo atormenta. O si la decisión que tiene que tomar no le deja tranquilo.

Normalmente, cuando a uno le ofrecen un negocio la frase conocida es: “Consúltelo con la almohada”. Pero ¿y si la almohada es tan dura como una piedra? Lo mejor es hacer lo que hizo nuestro amigo Jacob: “Y se levantó Jacob muy de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera. Entonces hizo Jacob un voto, diciendo: Si Dios está conmigo y me guarda en este camino en que voy, y me da alimento para comer y ropa para vestir… entonces el SEÑOR será mi Dios”

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