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jueves, junio 24, 2021

Sí, el tiempo se va, amigos…

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El hombre pasa muchos años trabajando para darle forma a su casa. Llenarla de cosas de última moda, llenarla de artefactos que muy pocas veces usan.  La esposa sale temprano para poder trabajar y reunir el pago mensual al banco. Pide por Amazon todos los aparatos que necesita para su cocina, aparatos que nunca usará y para llenar su closet de ropa que quizá nunca se ponga.

Otros pasan años estudiando sus doctorados, sacando más títulos porque les han dicho que esos papeles dan estatus, dan poder y dan dinero. Cuando vienen a darse cuenta, no fueron más que pergaminos por los que pagaron grandes cantidades de dinero y nunca lo recuperaron porque los préstamos les ahogaron la vida.  

Pero todo eso lo hicieron para darle a sus hijos una mejor calidad de vida.  Que no tuvieran necesidad de nada. Que su vida les fuera más fácil.

Suntuosidades que la vida nos ofrece y que muchas personas adquieren porque sí, porque hay que tenerlas aunque nunca tengan tiempo para darles el uso adecuado.  Es irónico que muchos de ellos trabajan todo el día mientras el servicio doméstico disfruta los televisores plasma de última generación. Las cocineras disfrutan de los aparatos eléctricos mejor equipados y que nunca serán de su propiedad.  El jardinero es quien disfruta del olor y el color de las flores del jardín porque los dueños de esa mansión no tienen el tiempo para hacerlo.

El guardaespaldas es quien disfruta del carro último modelo, blindado y con un estéreo de última generación porque los dueños están todo el día metidos en sus oficinas de lujo. 

La peor ironía: cuando quieren disfrutar todos sus bienes al lado de sus hijos, éstos ya no están. Cuando menos se dieron cuenta, los hijos crecieron, se casaron y se fueron. Ya no hubo tiempo para jugar con ellos. Ya no hubo tiempo para sentarse en el suelo para jugar con sus carritos, siempre pensaron que lo iban a hacer el feriado pero las deudas no les dieron tregua y se perdieron el tiempo. Pensaron que más adelante tendrían el tiempo pero junto con los hijos el tiempo también se les fue y ya no quedan en esa casa más que dos ancianos que casi no comen, nunca bajan al jardín por temor a resfriarse, nunca cocina la señora porque las manos le tiemblan y nunca disfrutan del televisor tan caro que compraron porque sus ojos ya tienen cataratas, glaucomas o a saber qué…

Sí, el tiempo se va, amigos… y si no sabemos disfrutarlo al tiempo que debemos, cuando queramos hacerlo este ya no nos dará tregua. 

Escuché a un predicador contar algo que me llamó la atención. Dijo: “Yo he estado en camas de hospital visitando enfermos en hospitales de lujo, he ido a orar por ellos y nunca he escuchado a ninguno que me diga: Pastor, ya voy a morir. Tráigame mi diploma de Doctor en derecho que saqué en Europa por favor. O tráigame mi vehículo que nunca pude manejar, o mi casa que pasé toda mi vida pagándole al banco”. Nunca he escuchado esas peticiones. Normalmente me dicen: dígale a mis hijos que me vengan a visitar. Digale a mis nietos que me vengan a ver. Pero la casa está allí, el carro también y su televisor. Quienes no están son sus hijos y sus nietos. 

El tiempo se va, amigos… y si no somos conscientes de ello también estaremos un día esperando que tengamos el tiempo para sonreír, para tener amigos, para jugar con nuestros pequeños. Para visitar a nuestros padres, para visitar a nuestros nietos. ¿Se recuperan cosas, o momentos cuando ya todo se ha ido? Imposible. La vida no se puede rebobinar y hacer que tengamos el tiempo que no supimos aprovechar. Ya no podemos ir a ver a nuestro hijo de siete años cuando juega en el colegio, sencillamente porque ya no tiene siete años, ahora es un hombre con su propia casa. El abuelo no es padre. Por lo tanto, aunque seas un buen abuelo tus hijos te recordarán como mal padre. Por más buen abuelo que quieras ser, siempre estará sobre ti el estigma de haber sido un mal padre. Tus hijos lo saben y tú lo sabes. 

El tiempo se va, amigos, se va inexorablemente y si no nos cuidamos pasaremos por esta vida soñando el sueño que nunca será realidad.  Es hoy cuando hay que decirle a los hijos que los amamos. Es hoy que hay que decirle a su esposa que la ama y que es especial tesoro para su vida. Es hoy que debe dejar un poco la oficina para hacerle la fiesta de cumpleaños a su niño y darle el mejor regalo que pueda: es tiempo de dedicarle el tiempo solo a él. Darle el regalo de su tiempo. Eso jamás lo olvidará.  Pero si cree que construyendo su casa hace bien, mejor piense en construir un hogar antes que la casa. Sus hijos lo querrán por lo que usted fue, no por lo que hizo.

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