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sábado, mayo 21, 2022

¿Cuál es su zanja?

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2 Reyes 3:16-17  “Y él dijo: Así dice el SEÑOR: «Haced en este valle muchas zanjas.»

17 Pues así dice el SEÑOR: «No veréis viento, ni veréis lluvias; sin embargo ese valle se llenará de agua, y beberéis vosotros y vuestros ganados y vuestras bestias.”

A la mayoría de cristianos no les suceden grandes cosas, tristemente esa es la cruda verdad. Sí, están en la Iglesia del Señor, forman parte de su Cuerpo y son adoradores y fieles asistentes a los cultos semanales, pero hasta allí llega su estilo de vida.

Dios nos ha llamado para hacer grandes cosas para su Reino.  Para que otros, los incrédulos, cuando nos vean vivir se asombren y quieran imitarnos en nuestras costumbres y en nuestra fe. Que a través de nuestros actos de fe ellos también quieran conocer al Dios que nos respalda.

Ese es el verdadero misterio de la predicación. El ejemplo. San Agustín dijo: “predica, predica, y, si es necesario, usa las palabras”.

Pero muchos que no han sido enseñado correctamente en esos principios, no predican con sus vidas y quiere usar las palabras que no tienen peso, porque sus vidas no están acordes a la enseñanza de la Palabra.

Pablo lo dijo en una ocasión: ¿Tú que robas, enseñas a otros que no se debe robar? ¿Entonces?  ¿En que quedamos? Pero el evangelio que muchos predican no abarca este tipo de enseñanzas.  Es por eso que vemos aún en los reportajes de televisión, a gentes tan pobres, viviendo en situaciones paupérrimas, chozas sucias, camas desvencijadas, animales durmiendo en el mismo cuarto que los dueños, pero cuando los enfocan, los vemos leyendo pasajes de la Biblia, como tratando de inspirar lástima de los televidentes.

¿Qué ha sucedido con estas pobres almas?  ¿Será que no tienen al Dios de la Biblia?  ¿Se habrán hecho otros dioses que nunca les responden sus oraciones y solo los esclavizan a una vida de pobreza y miseria?  ¿Será que Dios, el Dios Verdadero les ha abandonado?

No. Dios no ha fallado a sus promesas. Él sigue siendo Fiel y cumplidor de promesas.

El asunto está aquí a nivel tierra. Es en el alma del evangélico donde reside el problema. Y, lamentablemente, también a nivel de púlpito.  Los pastores no se atreven a salir de su área de confort teológico, no se atreven a escudriñar un poco más lo que dicen las Escrituras con respecto a los milagros que Dios desea hacer en las vidas de sus hijos. Son los pastores que ya no estudian, no se sientan a los pies de un maestro, no escuchan otro tanque de pensamiento teológico y se han quedado con lo que aprendieron hace treinta o veinte años atrás.

Y no pretendo decir que la Palabra ha cambiado. No. Respeto mucho la inspiración del Espíritu Santo y creo que los cimientos ya están puestos.  Pero también defiendo la tesis que si un pastor no estudia, no es humilde para ser enseñado por la misma Palabra en labios de algún buen maestro, se quedará obsoleto y sus ovejas sufrirán las consecuencias.

Tres reyes han salido a la batalla. Cuando las cosas se ponen color de hormiga, buscan un profeta que les declare qué dice Dios con respecto a la situación que están pasando que no encuentran agua por ningún lado.  El profeta en cuestión es nada menos que Eliseo. El discípulo del gran Elías.

Eliseo, como todo buen ministro de Dios, primero los confronta con su fe.  Josafat, especialmente, por ser Rey de Judá, no tendría porque estar clamando como los otros que no encuentran agua. Josafat debiera conocer la Verdad de la Fe en su Dios. Es un hombre de linaje real, descendiente de la tribu de Judá, la tribu mesiánica. Pero como anda con malas juntas, también entra en dudas y temor.

¿Cual es el consejo del profeta?  ¡Abran zanjas porque mañana va a llover!  ¡Abran zanjas porque habrá agua suficiente para todos!  Eliseo está apelando a la fe en lo que no se ve. Está enseñando que tienen que tener la certeza que Dios enviará lluvia para llenarlas. Pero tienen que hacer algo. Así que tomen sus palas, muchachos, y empiecen a cavar zanjas. Ustedes decidan de qué tamaño las harán.  Dios las llenará.

Eso es lo que muchos evangélicos no hacen.  No cavan zanjas materiales, financieras, espirituales. No comparten su pan, no dan a nadie, no se atreven a sudar con su pala, compartiendo sus bienes con otros. No siembran pues.

¿Resultado? Sequía. Falta de pan. Deudas impagables. Escaces de pan en la mesa. Falta de fe. Falta de recursos. Falta de todo. Porque nunca se atrevieron a abrir sus propias zanjas.

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