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domingo, agosto 7, 2022

La samaritana, con ojos nuevos

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Juan 4:15-16 “La mujer le dijo*: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacarla.  Él le dijo*: Ve, llama a tu marido y ven acá”

Jesus siempre fue un respetuoso del protocolo judío. Lógicamente había sido enseñado a respetar las diferentes clases sociales y espirituales de su tiempo. No era ningún ignorante solo por ser “carpintero”, es decir, era un profundos conocedor de las costumbres de su pueblo, aunque éste estuviera dividido en diferentes grupos religiosos. Exactamente como hoy en nuestro tiempo.  En los tiempos de Jesus había varios judaísmos y él sabía perfectamente a qué o quienes se estaba enfrentando en su predicación del Reino de Dios. Porque todos tenían una cosa en común: Todos esperaban al Mesías prometido por Moisés y los Escritos junto con los profetas del Antiguo Testamento. Y resulta que el Mesías prometido era él.

De manera que cuando llegó a Samaria, se encontró con una mujer que sabía de lo que hablaba, aunque tenía un par de problemas que resolver.  Y Jesus la ayuda.

Pero primero hablemos del entorno samaritano que rodea la visita de Jesus al pozo de Jacob. Llega una mujer que busca agua.  Jesus aprovecha para presentarse como el Mesías que ella también esperaba pero no sabía cómo iba a ser el encuentro. Así que después de la larga conversación e intercambio teológico, él la lleva a donde quiere: Su vida sentimental. Primero vamos a arreglar el asunto interno y después hablamos de tu salvación.

Antiguamente, y eso lo sabía la mujer, las cosas espirituales o materiales se arreglaban en familia. Ella sabía que cuando Abram manda a su criado a buscar esposa para su hijo Isaac, el enviado llega a la casa de Rebeca y la petición no se le hace solo al padre sino que toda la familia está incluida en esa petición.  Génesis 24:50  “Labán y Betuel respondieron, y dijeron: Del SEÑOR ha salido esto; no podemos decirte que está mal ni que está bien…” La madre aparentemente no aparece en la lista porque por ley no se permitía que la esposa estuviera donde hubiera hombres reunidos, sin embargo, en este caso, al estar la hija entre ellos, era obligatorio que ella también participara.

Ahora estamos listos para conocer un poco más del por qué Jesus, para poder darle el agua que le ofrece a la mujer, y no solo el agua sino el plan de salvación, le dice que lleve a su marido junto con ella y que regresen ambos.  Ella sabe a qué se refiere Jesus con esa petición y le responde: No tengo marido. Jesus le confirma lo que ha pasado. Ha estado casada cinco veces pero con el actual no se ha casado.  Algo ha sucedido en la vida de esta mujer necesitada de saciar su sed. Sabe que ella tiene sed de amor, de ternura y compañerismo.

¿Qué habrá pasado en los matrimonios de esta mujer? ¿Por qué cinco hombres han pasado por su vida y ella sigue buscando? ¿Por qué ése último no se ha comprometido con ella y ya viven juntos?

Antiguamente, los matrimonios no eran fáciles de organizar.  Se llevaba un buen tiempo para poder completar el proceso. Primero había que celebrar los esponsales. Era un compromiso que se hacía entre las dos familias y los dos quedaban sellados ante la comunidad que llegado el momento, se celebraría la boda que completaba el matrimonio. Ese tiempo podía ser de un año o más, dependiendo del trato que se hacía entre las familias. Lo podemos ver en el matrimonio entre María y José, los padres de Jesus. También en el caso de Jacob y Raquel.

Bien, entonces es posible que entre un tiempo y otro, el hombre que normalmente eran trabajadores, esclavos o soldados, podrían morir en el ínterin y la mujer comprometida quedaba soltera. Ahora la mujer queda viuda y sin hijos.  Tenía derecho de volver a enamorarse y casarse si lo deseaba.

Aquí están las cinco veces que ella había tratado de casarse legalmente pero solo había llegado al primer paso. Al compromiso. Y eso lo sabía Jesus. Solo que en este caso, el varón que estaba con ella en esos momentos, no había hecho ni el primer paso, es decir, por miedo a morir o descuido, no han empezado el proceso de casarse.  La mujer ha acumulado fama que sus maridos anteriores han muerto y ahora todos creen que una maldición la persigue. Cuando Jesus le declara su situación, ella exclama: ¡Me parece que eres profeta! Porque solo un profeta podría haberse dado cuenta de la verdad de su vida.

Es por eso que era tan conocida en el pueblo que los hombres le creen cuando ella les testifica que en el pozo hay un hombre que podría ser el Mesías. Y usted conoce el resto de la historia.

¿Qué nos enseña esta bella historia? No podemos hacer juicios sin conocer las motivaciones en las diferentes etapas de la vida de las personas.  Eso solo Jesus lo sabe. Allí es donde yo me apunto.  ¿Y usted?

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