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sábado, abril 13, 2024

Venga Tu Reino.

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Por: Pr. Carlos Berges | Iglesia de Cristo Visión de Fe

Mateo 6:10 “Venga tu reino. Hágase tu voluntad…”

La verdad es que esta oración la repetimos como si fuera un mantra. Nos la aprendimos desde pequeños cuando íbamos a misa -si es que alguna vez fuimos católicos-, o porque nos la enseñaron en la escuela dominical de alguna congregación evangélica.

Pero no sabíamos qué estábamos pidiendo. Lo hacíamos como un requisito para pasar alguna prueba que nos hacían para ganarnos un premio.  Era el premio, no la oración lo importante. Pero por lo menos nos quedó grabada en la mente, aunque hubiera sido más importante que nos quedara grabada en el corazón.

Pero así es la religión. Que le vamos a hacer.

Y, ahora que peino canas, que ya he recorrido un buen par de kilómetros trabajando con matrimonios y y familias me doy cuenta de que eso “venga tu reino” no es tan cierto.  Porque en muchos hogares no reina el reino del Cielo. Reina el reino del hombre. Del hombre machista, el golpeador, el insolente y malcriado.

Si Jesús nos escuchara repetir esa oración le daría quizás pena o cólera al escuchar nuestra repetición farisaica sobre esas líneas que les dejó a sus discípulos.  Porque el fondo de esa plegaria es mucho más profundo de lo que creemos. Basta una meta lectura de la misma para darnos cuenta de que estamos muy lejos de decir lo que Jesús quiso que dijéramos.

Por ejemplo:

“Venga tu reino, hágase tu voluntad” es el objetivo del propósito de la venida de Jesús a la tierra. Él vino a traernos el Reino del Padre para que tuviéramos vida y vida abundante. Porque cuando el reino de Dios está en un hogar, se va abriendo un camino hacia la santidad de la pareja y de los hijos. Que tu reino venga a nuestras vidas para que ya no reine el esposo sino el Rey de ese reino que se llama Jesús.  Venga tu Reino para que ya no reine la suegra que a veces quiere tomar más poder que el mismo hombre de la casa.  Venga tu reino para que no reine el bebé que quiere hacer su voluntad por sobre todos los de la casa.

¿Por qué hay tanto desorden juvenil en los hogares cristianos?  ¿Como es que siendo evangélicos que asisten a la iglesia los domingos, ofrendan y diezman, cantan de memoria los coritos congregacionales y escuchan atentamente los mensajes del pastor?  ¿Cómo es que en esos hogares en donde se confiesa que Jesús es el Señor quien manda realmente son los hijos adolescentes?  Sencillamente, queridos hermanos y amigos, allí no reina el Señor a quien dicen adorar. Allí reinan los hijos.  Cada quien, con su iPhone, cada quien con sus audífonos, con sus selfis, con sus redes sociales en donde ni los padres tienen derecho de meterse a averiguar con quien están teniendo relaciones.

Venga tu Reino para que en la casa ya no haya otro Rey sino tú solo Señor. Que seas tú el verdadero Rey que gobierne a la esposa malencarada, malcriada y bravucona. Que ya no reine la señora enojada de todos los días, que ya no reine el señor que grita y espanta.  Venga tu Reino para que los hijos ya no le tengan miedo al padre que los golpea, los insulta y los rebaja a menos que animales de carga.

Venga tu Reino y hágase tu voluntad, para que lo único que se escuche en esos hogares sean alabanzas a tu Nombre, que ya no haya gritos desde la madrugada hasta la noche.  Que cada tiempo de comida sea un momento placentero en donde se comparte no solo el pan, pero también las experiencias de los hijos en el colegio, la niña con sus amigas y los padres en sus trabajos.

Venga tu Reino y hágase tu Voluntad para que en los matrimonios ya no haya engaños ni mentiras.  En donde el esposo no adultere con las empleadas de su trabajo, en donde la esposa no ande desnudando a su esposo con las hermanas de la congregación.

Venga tu Reino y hágase tu voluntad para que podamos ver matrimonios restaurados, pastores respetuosos de sus esposas, que no las denigren ni las dejen abandonadas en brazos de la soledad y la amargura. En donde los hombres cristianos sepan gobernar bien sus casas, que tengan a su esposa en alta estima, que las honren como vasos más frágiles, que respeten sus derechos y deseos personales.  Venga tu Reino, Señor, y hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo…

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