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lunes, junio 17, 2024

Misión To El Salvador busca reforzar alianzas para continuar sus programas de desarrollo social.

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Por: Edwin Góngora

Asistir a personas jóvenes con edades entre los diez y diecisiete años  que padecen alguna adicción, así como ayudar a adultos mayores que por diferentes circunstancias deambulan por las calles de la capital y sus alrededores, son dos programas que Mission To El Salvador realiza desde hace quince años.

Nuevo Amanecer, busca extender una mano amiga que permita al joven salir de esa codependencia, convirtiéndose en el único programa de tratamiento residencial  de nueve meses dirigido a menores de edad que funciona en el país.  

Mientras que el proyecto El Faro, ofrece a personas que sin rumbo convierten la calle en su casa una oportunidad para asearse y recibir alimentos, ropa limpia, así como atención de parte de un staff, con quienes conversan que piensan hacer en los próximos días. Este programa incluye un devocional de tal manera guiar a la persona a la presencia de Dios, como  camino para su recuperación.

Jonathan Snayder es el fundador y presidente de esta fundación quien junto a su esposa Danielle trabajan convencidos que Dios les ha llamado a emprender esta obra, para que todas las esferas de la sociedad sean tocadas y brinden su aporte para ayudar al quebrantado y necesitado.

Sin embargo, para el funcionamiento de esta labor es necesario contar con el respaldo que permita, como hasta ahora, ser ese apoyo que no existía, pero que Dios puso en el corazón de los esposos Snayder al darle vida y que hasta la fecha ya arroja frutos, arrebatando de la adicción y sacando de las calles a un importante número de jóvenes y adultos.

“Como ONG quisiéramos que los aportes fueran mayores en lo financiero, sin embargo, necesitamos gente que de verdad tenga una llamado para servir a esta población”, manifiesta Jonathan Snayder.

Y es que trabajar con quienes padecen de adicciones o hayan sido desamparadas y abusadas o expuestas a la trata, requiere de personas con un corazón compasivo y tierno que acoja la vida humana de tal manera nada quede fuera de la atención por brindar.

Aquí, la solidaridad trasciende y el dolor ajeno se vuelve parte porque permite ir hasta el fondo para derribar muros o levantar piedras que impiden que las alegrías más grandes puedan prevalecer.

Jonathan asegura que el apoyo siempre ha estado presente de Iglesias que tienen claro que esta es una forma de “ayudar a sus semejantes”, pero El Salvador lamentablemente ocupa uno de los primeros países en consumo de alcohol a edad temprana, por lo que la ayuda en este rubro se vuelve necesaria para auxiliar a niños que ya lo consumen.

Misión To El Salvador cuenta con tres principios básicos en el desarrollo de su gestión social, como lo son el amor, la dignidad y el respeto.

Jonathan, su esposa y el maravilloso equipo que conforman este ministerio aseguran cumplir el llamado de amar a Dios y amar a los marginados y es él por medio de su palabra que sana a quien le entrega su vida.

Jonathan confiesa que existen varios pasajes de la Biblia que pueden aplicarse a esta situación, pero se refiere con mayor énfasis al que aparece en el libro de los Hechos capitulo dos, cuando en la iglesia primitiva, sus miembros se reunían para adorar, comer y compartir lo que tenían.

“Si bien Misión To El Salvador no es una iglesia, hacemos lo nuestro como parte del cuerpo de Cristo, ayudando a la población que lo necesita, dando amor, respeto y dignidad”. Asegura.

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