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domingo, enero 11, 2026

Bajo Tus alas

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Salmos 57:1; Salmos 91:4; Mateo 23:37

Hay momentos en la vida en los que no necesitamos respuestas. Necesitamos refugio. Momentos en los que el alma está cansada y solo anhela un lugar seguro donde descansar.

La Biblia nos muestra a Dios como Aquel que cubre. Como la gallina que recoge a sus polluelos bajo sus alas. Como el águila que protege a sus crías desde lo alto.

No es una imagen poética sin sentido; es la forma en que Dios se acerca cuando estamos vulnerables.

Estar bajo las alas del Señor no significa que la injusticia desaparezca. No significa que no existan traiciones, ni palabras falsas,

ni maldad en el corazón humano. Significa que nada de eso tiene poder para destruirnos.

A lo largo de la Escritura vemos mujeres que, cuando ya no tenían fuerzas para defenderse, encontraron refugio en Dios. 

Agar, por ejemplo, huyó herida y rechazada, pero fue alcanzada por un Dios que la vio, la escuchó

y la guardó en medio del desierto.

Ese mismo Dios sigue siendo refugio hoy.

Mujer, tal vez has sido lastimada por decisiones que no tomaste, por palabras que no merecías, por situaciones que te superaron.

Hay momentos en los que no podemos cambiar lo que ocurrió, pero sí podemos elegir dónde reposar el corazón. 

Bajo Sus alas no somos expuestas, somos cuidadas. Bajo Sus alas no somos olvidadas, somos sostenidas.

Bajo Sus alas no somos quebradas,

somos fortalecidas poco a poco.

Jesús mismo expresó este anhelo

cuando dijo que quiso reunir a Su pueblo como la gallina junta a sus polluelos bajo sus alas.

Eso revela el corazón del Padre:

proteger, cubrir y abrazar. Tal vez hoy no necesitas demostrar fortaleza.

Tal vez solo necesitas detenerte delante de Dios, soltar lo que pesa

y permitir que Él te cubra.

Estar bajo las alas de Dios es llegar cansada y saber que no tienes que explicarte. Es bajar la guardia,

entregar el dolor y confiar en que Dios ve lo que otros no vieron y entiende lo que nadie comprendió.

Por encima de la injusticia,

de la traición y de la maldad del hombre, estar bajo las alas de nuestro Dios es lo mejor. Allí hay paz.

Allí hay consuelo. Allí el corazón vuelve a respirar.

Tomando Mi Nación Mujer 

 Emma de Cuéllar

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