Guatemala a la baja

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Mario Vega/ Pastor general de Mision Cristiana ELIM

Alrededor de 150,000 personas han sido asesinadas en el Triángulo Norte de Centroamérica desde 2006. Un promedio de más de 50 homicidios por cada 100,000 habitantes.

El fenómeno de la violencia en Guatemala, Honduras y El Salvador llevó a que la zona fuera nominada como Triángulo Norte de Centroamérica con el fin de destacar las expresiones violentas comunes que viven esos países. No obstante, en los últimos cuatro años un cambio notable ha comenzado a producirse en Guatemala y es que el promedio mensual de homicidios ha ido decreciendo. De un promedio de 509 homicidios mensuales entre los años 2008 al 2011, ha disminuido a 420 entre 2012 a 2015.
Eso representa una media de declinación de un tercio del promedio de homicidios desde 2009. Si bien es cierto que Guatemala continúa viviendo niveles epidémicos de violencia, ha logrado establecer una tendencia definida a la baja que lleva ya varios años. ¿Qué es lo que ha pasado en Guatemala que ha producido esa reducción consistente de homicidios? La pregunta es muy pertinente si, además, se tiene en cuenta que los indicadores sociales se han deteriorado en esos mismos años. Consecuentemente, difícilmente se puede atribuir la disminución a los esfuerzos de prevención primaria de la violencia que de una u otra manera se implementan.

Lo que sí ha cambiado en Guatemala en esos años son los siguientes aspectos: Una mejor articulación entre la fuerza pública, los investigadores criminales y la persecución penal. La capacidad de coordinación interinstitucional ha mejorado de manera notable logrando resultados más eficaces. También se ha logrado elaborar y priorizar una persecución penal estratégica, dejando de lado las detenciones publicitarias y de imagen para enfocarse en los auténticos mandos del delito.
Como resultado, estructuras completas de sicariato han logrado ser identificadas, desmanteladas y remitidas al sistema penal. Además, han logrado fortalecer las capacidades de investigación del crimen. Los esfuerzos son más analíticos, echando mano de recursos tales como el uso de la evidencia científica, pruebas de ADN y sistemas de análisis balístico. En otras palabras, se acude cada vez más a las ciencias criminológicas que a los testigos mentirosos que sólo desvían los esfuerzos de los verdaderos responsables. Aunque tal vez con un impacto menos general, no se debe dejar de mencionar las medidas de prevención situacional adoptadas. Un ejemplo de ellas es el nuevo sistema de transporte público del Transmetro en la ciudad capital, el equivalente al SITRAMSS de nuestro país.

En los años que lleva de operar no se ha producido un solo homicidio en tanto que en el transporte colectivo tradicional continúan ocurriendo. Estos son los elementos que han cambiado, así que es allí donde debemos buscar las explicaciones a la declinación de los homicidios.

Claro que los guatemaltecos todavía tienen mucho trabajo por hacer. Para que el declive se consolide y sea sustentable tendrán que trabajar en neutralizar los factores de riesgo de la violencia, es decir, en prevención. Aun así, los resultados obtenidos producen esperanza y se convierten en una buena práctica que debería ser emulada principalmente por El Salvador, que en los últimos cuatro años, es el único país centroamericano cuya media de homicidios ha continuado al alza en tanto que en los otros países, con mayor o menor intensidad, va a la baja.

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