Agrada a Dios, no a los hombres.

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Hebreos 11:6
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

Cuando se habla de agradar a Dios, no se habla únicamente de modificación de la conducta. Para agradar a Dios, debe haber un cambio interior donde comiences a creer que, a pesar de lo externo, de tus deficiencias y pecados, la fe es la que le agrada a ÉL. Tu fe es la que le agrada a Dios. Por causa de tu fe, el pecado se va; vas eliminando de tu vida aquellas cosas que a ÉL no le agradan. Es la fe la que provoca el cambio en tí, que tu vida sea mejor.

La fe es la que te permite creer que Dios no te va a dejar, que no va a terminar contigo, que a pesar de que cometas un error, ÉL no va acabar con tu vida. Es tu fe y su amor por tí, lo que hará que seas totalmente transformado y cambiado.

Tu única meta debe ser agradar a Dios, por encima de todas las cosas. Enoc, a pesar de que la tierra se había llenado de maldad y pecado, alcanzó agradar a Dios, a través de su fe.

Te pregunto: ¿Qué es lo que tienes que hacer?

Amigos que están leyendo estas líneas, te motivo a que dejes de querer agradar a los que te observan, que todo lo que hagas sea para agradar al que vive para siempre.

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